Profesión y Ética enfermera

Cueva de la Santina (Covadonga)
En la sociedad actual las actividades laborales son muy numerosas y todas tienen importancia con independencia de su duración temporal y el tipo de servicios que ofrecen. Además, el espectro de servicios que prestan es muy diversificado en correspondencia con las necesidades sociales. Lo cierto es, sin embargo, que, desde muy antiguo, algunas de ellas se consideran más valiosas y más imprescindibles debido a que sus servicios tienen que ver con el mantenimiento de los mínimos necesarios para mantener una vida digna. Precisamente es en este último sentido en el que, dentro de nuestra sociedad, ser profesional equivale a tener una cierta importancia, haber conseguido un reconocimiento y poseer una gran capacitación técnica. El error de este planteamiento lleva a considerar que sólo las profesiones son relevantes y otorgan un grado de mayor dignidad a quienes las ejercen. Hay que reconsiderar este enfoque y afirmar que todas las actividades laborales tienen importancia para la sociedad y confieren dignidad a las personas que las realizan. Hay que adoptar otra perspectiva.

NOTA: Los contenidos proceden, principalmente, de varias obras publicadas por Augusto Hortal, Lydia Feito, Adela Cortina, Diego Gracia y el Grupo de Bioética de la Asociación Andaluza de Bioética. 

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1. SIGNIFICADO Y CARACTERÍSTICAS DE LAS PROFESIONES

Ermita de la Santina (Covadonga)
Ante de referirnos a las características que describen la actividad profesional y el papel de los profesionales, es necesario recordar el significado y sentido etimológico del término.

1.1. Significado y sentido etimológico
La palabra “profesión” proviene del latín professio y significa manifestar, declarar, declaración pública, que el Diccionario de la Lengua Española relaciona con el ejercicio de una ciencia, un arte o un oficio, que se lleva a cabo con una inclinación voluntaria, continuada y perseverante. En realidad, el término latino deriva del verbo profiteor que aún es más claro en lo que necesitamos saber: además de lo dicho antes significa también profesar, ejercer, dedicarse a una tarea, así como ofrecer y prometer. Por eso los antiguos decían, por ejemplo, profiteri se medicum (profesar o ser reconocido públicamente como médico) o bien profiteri medicinam (enseñar medicina) de donde vino después el término de profesor.

Todo ello nos indica que el término “profesión” se aplica a aquellas “prácticas” cuya identidad se define por la realización de su propio “bien interno”, utilizando las palabras de A.MacIntyre que hemos visto al final del capítulo anterior. Son actividades que se desempeñan con un sentido de entrega y plena dedicación, conllevan un sentido moral y, por ello, un grado de compromiso basado en el principio de responsabilidad, o sea, una actividad en la que el profesional responde de lo que hace ante la sociedad. El sentido de la profesión también ha estado unido mucho tiempo al de “vocación”, un término actualmente menos utilizado pero que sigue conservando un profundo sentido de exigencia personal, es decir, quien siente y quiere ejercer cabalmente una profesión dedicará su vida, su inteligencia y su ilusión para hacerlo en el nivel más alto posible, y estará dispuesto a asumir las responsabilidades y obligaciones que lleva consigo.

1.2. Rasgos característicos de las profesiones
El significado y sentido etimológico anterior es sugerente, pero demasiado general. Vamos a intentar ordenar de manera sistemática sus características principales:
La Santina de Covadonga
1ª. Es una práctica que ofrece un servicio a la sociedad de manera institucionalizada. Ese servicio se distingue por ser único, definido y esencial:
.- Es único porque sólo los profesionales tiene el derecho exclusivo de ejercer las tareas propias de esa profesión
.- Es definido porque los usuarios saben a qué atenerse sobre las funciones y competencias de un determinado grupo profesional.
.- Y es esencial porque se trata de un servicio indispensable para la sociedad.
2ª. A la profesión se la considera vocación en el sentido de que se piensa y se espera que el profesional se dedique a su profesión de por vida, se identifique con las pautas ideales que configuran su profesión, se sienta en sincera hermandad con sus colegas; y dedique incluso su tiempo libre a perfeccionar las habilidades y destrezas profesionales.
3ª. Todas las profesiones se basan en conocimientos y técnicas intelectuales para llevar a cabo los servicio que prestan. El énfasis en las técnicas intelectuales se debe a que la clave del éxito profesional consiste en saber definir el problema, buscar los datos importantes, formular y aplicar las soluciones posibles y más recomendables. La sociedad exige que el profesional piense y actúe de manera objetiva, inquisitiva y crítica.
4ª. El profesional tiene que someterse a un período de preparación especializada y formal, sin la que es imposibles poner en práctica la característica anterior, es decir, la capacitación en habilidades y destrezas tanto intelectuales como técnicas.
5ª. El profesional reclama un amplio campo de autonomía, tanto para él como para el cuerpo al que pertenece. Aquí se pone el acento en la independencia y la libertad en el ejercicio de la profesión, que consiste en desempeñar sus tareas con fidelidad a su propio juicio científico-técnico y a la experiencia acumulada al respecto.
6ª. La característica anterior se complementa con la responsabilidad personal sobre los juicios emitidos, los actos realizados y las técnicas empleadas. Las profesiones sanitarias tienen un elevado nivel de responsabilidad por cuanto tienen en sus manos la vida y la salud de los enfermos, así como conocimientos privilegiados que se adquieren respecto al ámbito científico-técnico y al de la vida personal de los enfermos.
7ª. Se pone mucho más énfasis en el servicio prestado que en las ganancias obtenidas, lo que tiene un doble sentido: por una parte, el verdadero profesional no puede sustraerse o separase de ciertas obligaciones y servicios independientemente de sus sentimientos e intereses personales; y, por otra parte, las ganancias no deben convertirse en el criterio para juzgar la valía y el éxito profesional. (es habitual, por ejemplo, en empresarios u hombres de negocios)

No cabe duda de que las características profesionales son aplicables una por una a la medicina, por ejemplo, puesto que es una de las profesiones más antiguas de la humanidad, junto al sacerdocio y la judicatura. En cuanto a la enfermería, aunque esté muy próxima a la medicina por objetivos y métodos, es necesario preguntarse si le corresponden todos los rasgos que hemos apuntado o falta alguno de ellos, en cuyo caso podríamos decir que no se trata de una profesión en sentido estricto, sino en un grado inferior. Pero, incluso si así fuera, no carecería de valor nada de cuanto se ha dicho hasta ahora. No obstante, el Código Deontológico de la Enfermería Española le concede un tratamiento explícito de profesión.


2. LA ENFERMERÍA COMO ÉTICA PROFESIONAL

Basílica de Covadonga
2.1. Conceptos básicos de ética y moral
Antes de ocuparnos del tema del capítulo es conveniente repasar algunos conceptos básicos relacionados con la ética y la moral, aun sabiendo que pueden resultar imprecisos por tratarse sólo de algunas pinceladas sobre la materia. En el lenguaje cotidiano utilizamos ambos términos como sinónimos, pero tienen significados diferentes que conviene recordar.

1º) El término “moral
Procede del latín (mos, mores) y significa costumbre, carácter, género de vida, refiriéndose al sentido que cada uno da a su propia vida a través del comportamiento y los actos morales concretos. Se ocupa de qué debemos o de lo que debemos hacer, o sea, de los contenidos de nuestros actos.

Las funciones de la moral son transmitir valores, principios y normas de actuación, así como los códigos normativos que identifican la moral de un determinado grupo o comunidad, por la convicción de que todo eso es un cauce idóneo para conseguir el bien, la justicia y la felicidad.

2º) El término “ética
Procede de dos vocablos griegos: éthos y êthos. La palabra éthos es la que ha quedado recogida en el término latino de moral antes expuesto. En cambio, la palabra êthos es el ámbito de la libertad y de la biografía personal, que se opone a páthos como experiencia, emoción, sentimiento...lo que padecemos. Significa también carácter y modo de ser estable ante la vida o la clase de persona que hemos elegido ser. Y, aún más originariamente, tiene que ver con el hogar, la morada, el lugar habitual donde vivimos, indicando dónde están las raíces de la propia personalidad moral. La ética se ocupa, por tanto, del por qué debemos o por qué debemos hacer lo que debemos hacer. Más resumidamente, ¿por qué debemos hacer el bien? o, aún dicho de otro modo, ¿cuáles han de ser las condiciones para saber actuar bien, para que nuestros actos sean buenos?.

Son funciones de la ética: 1ª) aclarar qué es la moral, 2ª) fundamentar la moral, y 3ª) aplicarla a la vida cotidiana. También tiene tres grados: el primero es reflexionar o dar razones acerca del por qué debemos hacer algo moralmente bueno, el segundo es de naturaleza descriptiva, o sea, consiste en describir los hechos morales, y el tercer grado es prescriptivo, o sea, dedicado a justificar lo principios y normas de actuación moral.

3º) Objeto de la moral y objeto de la ética
Es también importante distinguir, aunque sea muy esquemáticamente, entre el objeto de la moral y el objeto de la ética. El objeto de la moral se podría resumir así:
Un quehacer o tarea en la que nos logramos o malogramos como personas.
  1. Estar entrenados para responder con altura humana a los retos de la vida
  2. Transmitir valores, principios, virtudes y códigos para llevar una vida buena.
El objeto central de la moral podría sintetizarse con estas palabras: “el ser humano es absolutamente valioso para el ser humano”.

Y, por su parte, el objeto de la ética es el siguiente:

  1. Objeto material: carácter (êthos), valores, principios, actitudes y actos humanos.
  2. Objeto formal: la bondad o maldad de las acciones humanas.
  3. Objeto unitario: la vida moral de la persona como unidad bio-psico-social.
  4. La vida moral sometida a la razón para fundamentar la argumentación moral.
También podemos sintetizar su objeto central con estas palabras: “La ética no dice lo que debemos hacer, sino las condiciones necesarias para saber hacerlo bien”.

4º) Ética de las profesiones y de las profesiones sanitarias
La ética de las profesiones, en general, se ocupa de explicar las razones que avalan y sostienen el por qué de los valores, principios y normas que definen a una determinada profesión para llevar una vida buena, es decir, al servicio de qué bienes (fines) está una profesión Con otras palabras: por qué y cómo una determinada profesión contribuye a vivir humanamente la vida humana o por qué debo hacer “tal” bien en mi profesión

Y, en cuanto a la ética de las profesiones sanitarias, en general, es la que se ocupa de argumentar razonadamente los fines de las actividades sanitarias: por qué y cómo hacer posible una vida sana y digna de ser vivida incluso en la enfermedad. Se dedica a indagar las condiciones y requisitos para que los actos sanitarios tengan siempre como objetivo tratar a los pacientes como personas confiadas a su curación y a sus cuidados. Con otras palabras, por qué y cómo las profesiones sanitarias contribuyen a vivir humanamente la vida, y la enfermedad, o, aún de otro modo, por qué sanar y/o cuidar es su razón de ser, su identidad..

5º) Algunos modelos de fundamentación de la ética
La fundamentación de la ética tiene mucho que ver, entre otras muchas cosas, con el proceso de toma de decisiones morales. A lo largo de la historia han sido muchos y muy diferentes los modos de hacerlo: éticas formales y éticas materiales; éticas racionales y éticas emotivistas; éticas de móviles y de fines; éticas sustancialistas y éticas procedimentalistas; éticas discursivas y éticas comunitaristas, etc. Pero hay dos de ellas que quizá siguen siendo los dos pilares básicos de la fundamentación: el deontológico y el teleológico.
  • El ámbito DEONTOLÓGICO se corresponde con el deber y trata de justificar racionalmente la primacía del deber y por qué el deber es la razón de ser de lo correcto. Lo decisivo es actuar de tal modo que la conducta sea irreprochable (correcta) y lo que determina lo correcto es la obligatoriedad de las normas morales. Importa más actuar por deber, al margen de los ideales de perfección y felicidad que tenga cada cual. Importa más la “forma” de hacer las cosas, el “cómo”, que los contenidos de la acción. Este modelo de éticas establecen  cánones de actuación que se consideran irrenunciables para convivir en paz y, por eso, suelen ser correlativos con la ÉTICA DE MÍNIMOS cuyo incumplimiento resulta no sólo inmoral, sino, en la mayoría de los casos, punible. En ese nivel de mínimos, por debajo del cual sólo está lo inhumano, se concede la primacía a la universalización y la imparcialidad. Es una ética de la justicia porque no atiende a la realización del ideal personal de vida buena, sino al marco dentro del que puede llevarse a cabo. Su punto central es el respeto a la pluralidad y la igualdad de exigencias para todos. Presentan normas como “actúa de tal modo que trates a los seres humanos con respeto”. Su mayor representante es I.Kant y, actualmente, G.Gadamer y su escuela.
  • El ámbito TELEOLÓGICO se corresponde con los fines de la vida (buena), así como con la orientación y el sentido de las acciones para conseguirlo. No trata de establecer sólo lo correcto, sino de ofrecer un modelo de vida buena y virtuosa, o sea, trata de mostrar lo que deben hacer los seres humanos para lograr su autorrealización, su plenitud, su mayor excelencia personal. Por lo tanto, lo decisivo es conocer los fines de la acción o, lo que es lo mismo, los bienes (morales) que debemos conseguir para alcanzar la felicidad (télos=fin=felicidad). Esto conlleva siempre el conocimiento y la ponderación de las consecuencias que se derivan de nuestros actos. Suele ser correlativo con las ÉTICAS DE MÁXIMOS porque ofrecen ideales de vida buena cuya finalidad es lograr la mayor plenitud personal. Son, por tanto éticas de la bondad y de la virtud, que se ocupan no de la forma sino la “materia” de la acción, o sea, el contenido de los actos que nos permiten alcanzar la felicidad. Aquí se concede la primacía a lo particular e individual, así como al consejo y la invitación, o sea, estas éticas aconsejan e invitan a seguir su modelo de conducta, pero no pueden exigir que se siga, porque la felicidad es un tema de consejo e invitación, no de exigencia. Presentan normas como “actúa con empatía y compasión ante una persona enferma, tanto con el fin de ayudarla como de sentir la satisfacción de una obra bien hecha». Representantes: Aristóteles y Tomás de Aquino.
2.2. La ética de la profesión enfermera
Basílica de Covadonga
Hay algo en los seres humanos que nos distingue y nos cualifica como humanos: es el sentimiento y la capacidad de emocionar-se, de volverse sobre sí mismo, de afectar-se o, dicho con otras palabras, la capacidad de cuidar-se y de cuidar de aquello que no soy yo. Sólo los seres humanos podemos sentirnos afectados por un amigo frustrado, poner nuestra mano en su hombro, mirarle a los ojos, escucharle, ofrecerle consuelo, esperanza o el propio silencio. Sólo los seres humanos somos capaces de construir un mundo de lazos afectivos, que transforman a las personas en portadoras de valores, y eso hasta el punto de preocupar-nos por esas personas y de dedicarles tiempo para ocupar-nos de ellas. La categoría de cuidado revela la estatura moral y verifica el tipo de ser humano que es cada uno. 

Todo eso pone de relieve que, junto al “logos”, o sea, la razón y sus estructuras de comprensión y de justificación argumentativa, características de lo humano defendidas por el pensamiento occidental, junto a todo eso, también está el “pathos”, el sentimiento, la capacidad de simpatía y de empatía, la dedicación y el cuidado del diferente...del que no soy yo...del otro...y de lo otro que me rodea. Ese movimiento hacia fuera de nosotros mismos comienza con el sentimiento, que nos hace sensibles a lo que está a nuestra mano o en nuestras manos... el que nos une a las cosas y nos envuelve con las personas... el que suscita en nosotros encantamiento ante la grandeza del universo, veneración ante la complejidad de la madre-tierra y ternura ante la fragilidad de un recién nacido. Ese sentimiento que transforma a las personas, las situaciones y las cosas en importantes para nosotros, ese sentimiento profundo se llama cuidado, es decir, la  «solicitud y atención para hacer bien algo a alguien»(Diccionario de Lengua Española de la Real Academia) 

Viene a cuento recordar la novela de El Pequeño Príncipe, de A.de Saint Exupéry, cuando decía que «las cosas esenciales e invisibles a los ojos se ven correctamente con el corazón -con el sentimiento-», remedando quizá las famosas sentencias de Pascal (Pensamientos): «conocemos la verdad no solamente por la razón, sino también por el corazón...el corazón tiene razones que la razón no conoce». 

Desde esa perspectiva, el cuidado fue lo primero que moldeó al ser humano. Es un a priori ontológico que se encuentra antes y está en el origen del propio ser humano, que brota ininterrumpidamente como energía originante del ser humano. Así es como empezó la dedicación, la ternura, el sentimiento y la vida del corazón, junto a sus correspondientes responsabilidades y preocupaciones, como principios constituyentes del ser humano. Sin esas dimensiones, el ser humano jamás sería humano. Dicho con otras palabras, la base de la esencia humana no se encuentra sólo en la inteligencia, en la libertad o en la creatividad, sino en el cuidado. El cuidado es, en realidad, el soporte o la base de la creatividad, de la libertad y de la inteligencia. En el cuidado se encuentra el êthos fundamental de lo humano, es decir, identificamos los principios, los valores y las actitudes que transforman la vida en un vivir bueno y convierten las acciones en acogida, hospitalidad y cuidado por el Otro-vulnerable que llama pidiendo ayuda.

No nos cabe la menor duda de que la tarea de cuidar y de cuidar bien a las personas enfermas es la razón de ser o la clave de bóveda de la práctica enfermera. Por consiguiente, el “arte de cuidar” es el bien interno de la profesión enfermera, es lo que la define, le confiere sentido, justifica su existencia y su valor. En consecuencia, la ética no es un añadido periférico a la enfermería, sino algo intrínseco a ella misma como connatural a su propia práctica, una práctica donde adquiere una particular condensación la ética de lo humano como cuidado, solicitud y atención en favor del bien de la persona enferma en su integridad.

Hasta aquí la ética de la enfermería, es decir, el por qué de lo que se debe hacer. La práctica enfermera es ética porque el cuidado es su bien inherente o interno, lo que la define y le confiere sentido e identidad. El acto de cuidar es el quid de la ética de lo humano. Y, además, es una práctica moral porque ese bien interno que la define tiene como finalidad exclusiva la de hacer el bien y procurar el bienestar de la persona enferma entendida como unidad bio-psico-social.

Ahora es necesario saber algo más acerca de lo que se debe hacer en concreto, o sea, el contenido de las acciones morales que han quedado recogidas en los códigos deontológicos de la enfermería, además del proyecto moral que distingue la vida de cada persona. .

2.3. Rasgos morales de la profesión enfermera
Desde el túnel hacia la Cueva
Hay numerosas propuestas morales para la enfermería. Cada una de ellas está condicionada por la definición del bien interno de la enfermería y por el modo concreto de entender su actividad. Así todo, es posible encontrar acuerdos bastante generalizados sobre algunos aspectos distintivos: 1) la necesidad de poseer (y cultivar) una cierta sensibilidad ante el ser humano vulnerable y, en este caso, enfermo; 2) la exigencia de adquirir un compromiso explícito sobre la calidad del cuidado; y 3) tener la disposición de aceptar la responsabilidad como principio cardinal de toda la práctica enfermera.

Una propuesta interesante es la recogida por Lydia Feito (procedente de un artículo de A.Cortina), que establece las siguientes actitudes morales para que una enfermera/o alcance su madurez profesional mediante la práctica del cuidado:
  • Compasión por el sufrimiento de la persona cercana que depende de mí.
  • Sensibilidad para dejarse impactar por el sufrimiento de la persona que tengo a mi cargo y sentirse responsable de ella.
  • Responsabilidad como capacidad de responder de lo que hago, y de sus consecuencias, ante la persona que me ha sido encomendada.
  • Capacidad de comunicación, de cercanía, compasión y confidencialidad.
  • Capacidad para ayudar a los pacientes a que sean dueños de sí mismos y no se encuentren siempre en situación de dependencia.
  • Competencia técnica y excelencia en el ejercicio de las habilidades y destrezas específicas de la profesión.
  • Autoestima y cuidado de sí mismo para mantener en pie la confianza en las propias capacidades y actitudes.
Este conjunto de virtudes constituyen el marco dentro del que adquiere sentido moral la enfermería como actividad profesional. A ello deberíamos añadir lo expuesto en el capítulo primero acerca del cuidado como bien interno de la enfermería. Y otra manera de buscar los rasgos morales característicos es la consulta de sus Códigos Deontológicos.


3. CÓDIGOS DEONTOLÓGICOS DE LA ENFERMERÍA

3.1. Código Deontológico de la Enfermería Española
El Código Deontológico ha sido aprobado en 1989 por el Consejo General de la Organización Colegial de Enfermería Española. Está compuesto por un Prólogo y 13 capítulos. Como marco conceptual del Código, el Prólogo contiene ideas importantes:
  • Definición del ser humano como unidad indisoluble compuesto de cuerpo y mente,  (que) es, a su vez, un ser eminentemente social, inmerso en un medio que le influye positivamente o negativamente dependiendo de múltiples factores..., y estableciéndose una relación entre él y su entorno que determinará su grado de bienestar; de ahí que resulte fundamental contemplarlo desde un punto de vista integral. Por ello, entendemos que es un ser bio-psico-social dinámico, que interactúa dentro del contexto total de su ambiente, y participa como miembro de una comunidad.
  • Definición de salud como un proceso de crecimiento y desarrollo humano, que no siempre se sucede sin dificultad y que incluye la totalidad del ser humano. La salud se relaciona con el estilo de vida de cada persona y su forma de afrontar ese proceso en el seno de los patrones culturales en los que vive.
  • Reconocimiento de la enfermería como profesión que constituye un  servicio encaminado a satisfacer las necesidades de salud de las personas  sanas o enfermas, individual  o colectivamente (y que por ello) es necesario tener presente que los enfermeros/as, han de enfatizar de manera prioritaria, dentro de sus programas las siguientes cualidades: 1ª) La adquisición de un compromiso profesional serio y responsable; 2ª) La participación activa en sociedad; 3ª) Reconocimiento y aplicación de los principios de ética profesional; y 4ª) La adopción de un profundo respeto por los derechos humanos.
  • Una clara idea de que el papel de los enfermeros/as se desarrolla teniendo en cuenta su responsabilidad en las siguientes áreas: 1ª). Prevención de las enfermedades; 2ª) Mantenimiento de la salud; 3ª) Atención,rehabilitación e integración social del enfermo; 4ª) Educación para la salud; y 5ª) Formación,administración e investigación en Enfermería
  • Otra perspectiva de la Basílica
  • Y una definición del Código Deontológico como un instrumento eficaz para aplicar las reglas generales de la ética al trabajo profesional... para tener conciencia de que los valores que manejamos son auténticamente fundamentales: la salud, la libertad, la dignidad, en una palabra, la vida humana, y nos  ayudará a los profesionales de enfermería a  fundamentar con razones de carácter ético las decisiones que tomemos... El Código es estrictamente necesario para el buen desempeño de nuestra profesión, no sólo para hacer uso de él en situaciones extremas, sino para reflexionar a través de él en aquellas situaciones diarias en las que se pueden lesionar o infravalorar los derechos humanos. A continuación siguen trece capítulos que recogen los siguientes contenidos: 1) ámbito de aplicación; 2) la enfermería y el ser humano, deberes de las enfermeras/os; 3) derechos de los enfermos y profesionales de la enfermería; 4) la enfermera/o ante la sociedad; 5) promoción de la salud y bienestar social; 6) la enfermería y los disminuidos físicos,psíquicos e incapacitados; 7) el personal de enfermería y el derecho del niño a crecer en salud y dignidad, como obligación ética y responsabilidad social; 8)la enfermería ante el derecho a una ancianidad digna, saludable y feliz como contribución ética y social al desarrollo armonioso de la sociedad; 9) el personal de enfermería ante el derecho que toda persona tiene a la libertad, seguridad y a ser reconocidos, tratados y respetados como seres humanos; 10)normas comunes en el ejercicio de la profesión; 11) la educación y la investigación de la enfermería; 12) condiciones de trabajo; y 13) participación del personal de enfermería en la planificación sanitaria. 
A todo ello es necesario añadir que los códigos deontológicos recogen los rasgos morales básicos de la profesión, pero no pueden abarcar toda la ética profesional. Aún quedan por concretar los datos más concretos de la vida profesional de cada día. Recogen las obligaciones o deberes mínimos que configuran la moral del grupo profesional de la enfermería, el bien interno que la define y el fin de la misma profesión. Pero más allá, e incluso por encima de esos mínimos, estará siempre la responsabilidad de cada profesional y el nivel de excelencia al que quiera llegar mejorando sus cuidados de manera permanente.

3.2. Código Internacional para la Profesión de Enfermería
El Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) adoptó por primera vez un Código en 1953. Después se ha revisado y reafirmado en diversas ocasiones, la más reciente es este examen y revisión completados en 2000. La versión siguiente es del año 2005 y lo reproducimos completo por su mayor brevedad respecto al Código Deontológico de España.


Lago Enol
Preámbulo
Las enfermeras tienen cuatro deberes fundamentales: promover la salud, prevenir la enfermedad, restaurar la salud y aliviar el sufrimiento. La necesidad de la enfermería es universal.
Son inherentes a la enfermería el respeto de los derechos humanos, incluido el derecho a la vida, a la dignidad y a ser tratado con respeto.
En los cuidados de enfermería no se hará distinción alguna fundada en consideraciones de edad, color, credo, cultura, discapacidad o enfermedad, género, nacionalidad, opiniones políticas, raza o condición social.
Las enfermeras prestan servicios de salud a la persona, la familia y la comunidad y coordinan sus servicios con los de otros grupos relacionados.

El Código del CIE
El Código deontológico del CIE para la profesión de enfermería, tiene cuatro elementos principales que ponen de relieve las normas de conducta ética.

Elementos del Código

1. La enfermera y las personas
La responsabilidad profesional primordial de la enfermera será para con las personas que necesiten cuidados de enfermería.
Al dispensar los cuidados, la enfermera promoverá un entorno en el que se respeten los derechos humanos, valores, costumbres y creencias espirituales de la persona, la familia y la comunidad.
La enfermera se cerciorará de que la persona, la familia o la comunidad reciben información suficiente para fundamentar el consentimiento que den a los cuidados y a los tratamientos relacionados.
La enfermera mantendrá confidencial toda información personal y utilizará la discreción al compartirla.
La enfermera compartirá con la sociedad la responsabilidad de iniciar y mantener toda acción encaminada a satisfacer las necesidades de salud y sociales del público, en particular las de las poblaciones vulnerables.
La enfermera compartirá también la responsabilidad de mantener el medioambiente natural y protegerlo contra el empobrecimiento, la contaminación, la degradación y la destrucción.

2. La enfermera y la práctica
La enfermera será personalmente responsable y deberá rendir cuentas de la práctica de enfermería y del mantenimiento de su competencia mediante la formación continua.
La enfermera mantendrá un nivel de salud personal que no comprometa su capacidad para dispensar cuidados.
La enfermera juzgará la competencia de las personas al aceptar y delegar responsabilidad.
La enfermera observará en todo momento normas de conducta personal que acrediten a la profesión y fomenten la confianza del público.
Al dispensar los cuidados, la enfermera se cerciorará de que el empleo de la tecnología y los avances científicos son compatibles con la seguridad, la dignidad y los derechos de las personas.

3. La enfermera y la profesión
A la enfermera incumbirá la función principal al establecer y aplicar normas aceptables de práctica clínica, gestión, investigación y formación de enfermería.
La enfermera contribuirá activamente al desarrollo de un núcleo de conocimientos profesionales basados en la investigación.
La enfermera, a través de la organización profesional, participará en la creación y mantenimiento de condiciones de trabajo social y económicamente equitativas en la enfermería.

4. La enfermera y sus compañeros de trabajo
La enfermera mantendrá una relación de cooperación con las personas con las que trabaje en la enfermería y en otros sectores.
La enfermera adoptará las medidas adecuadas para preservar a las personas cuando un compañero u otra persona pongan en peligro los cuidados que ellas reciben.


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