Virtud moral

Frases para pensar y actuar

Frases para pensar y actuar 150 150 Tino Quintana

El día 20 de octubre de 2017 se entregaron en el Teatro Campoamor de Oviedo, Asturias (España), los Premios Princesa de Asturias. Con frecuencia recogemos aquí algún discurso de algún premiado o alguna premiada. En este caso hacemos un recordatorio de las ideas más sobresalientes, a mi juicio, de los discursos de Adam Zagajewski (Letras), Les Luthiers (Comunicación y Humanidades), Philippe de Montobello (Hispanic Society of America) y Donald Tusk (presidente del Consejo de Europa). Reproducimos, primero, un trozo mayor o menor de cada discurso y, seguidamente, el extracto de las frases más destacadas para pensar…y para actuar.

ADAM ZAGAJEWSKI
Premio Princesa de Asturias 2017 de las Letras

«La poesía… surge de la emoción de la mente y el corazón que no se puede ni prever ni planear… Por eso, los poetas no se conocen a sí mismos, suelen vivir en la inseguridad, esperando pacientemente la hora en la que se abren las puertas de la lengua. No sabemos qué es la poesía a pesar de que se han escrito sobre ella miles de libros que podemos encontrar en todas las grandes bibliotecas…

» En el mundo actual todos quieren hablar sólo de la comunidad y de política, y es cierto que esto es importante. Pero también existe el alma particular con sus preocupaciones, con su alegría, con sus rituales, con su esperanza, su fe, su deslumbramiento que a veces experimentamos. Debatimos sobre las clases y las capas sociales, pero en el día de cada día no vivimos en la colectividad sino en la soledad. No sabemos qué hacer con un momento epifánico, no somos capaces de preservarlo…

» No es difícil percibir que nos encontramos en un momento que es poco propicio para la poesía… el público en los encuentros poéticos disminuye de manera sistemática. La poesía no está de moda, las novelas policíacas, las biografías de los tiranos, las películas americanas y las series de televisión británicas están de moda. La política está de moda. La moda está de moda. Las relaciones están de moda, la sustancia no está de moda. Los pantalones entubados, los vestidos con estampados de flores, las perlas en la ropa, los jerséis rojos, los abrigos a cuadros, los botines plateados y los pantalones vaqueros con apliques están de moda. Las bicicletas y los patinetes están de moda, los maratones y los medio maratones, la marcha nórdica; no está de moda detenerse en medio de un prado primaveral ni la reflexión. La falta de movimiento es nociva para la salud, nos dicen los médicos. Un momento de reflexión es peligroso para la salud, hay que correr, hay que escapar de uno mismo.

»… Durante mucho tiempo, no sabía qué era más importante, lo que existe o lo que no existe, la gente que va al trabajo temprano por la mañana, los hombres soñolientos que leen los grandes titulares de los periódicos deportivos y siguen las derrotas y las victorias de sus clubes preferidos de fútbol…; o antes bien las cosas escondidas, la música y la luna, las ciudades que ya no existen, los cuadros de los grandes maestros, actuales y antiguos, en los museos. Y necesité muchos años para entender que hay que tener en consideración ambas caras de este dualismo desigual, puesto que vivimos en una ambivalencia eterna, no podemos olvidarnos del sufrimiento de la gente y de los animales, del mal, que es mucho más tenaz y astuto que los sueños que perseguimos. No podemos olvidarnos del mal, de la injusticia que continuamente cambia de forma, de las cosas que perecen, pero tampoco de la felicidad, de las experiencias extáticas que los gruesos manuales de teoría política o de sociología no han llegado a prever».

  • La poesía… surge de la emoción de la mente y el corazón…
  • No vivimos en la colectividad, sino en la soledad
  • No está de moda detenerse en medio de un prado primaveral ni la reflexión
  • Un momento de reflexión es peligroso para la salud, hay que correr, hay que escapar de uno mismo
  • Vivimos en una ambivalencia eterna, no podemos olvidarnos del sufrimiento de la gente y de los animales…
  • No podemos olvidarnos del mal, de la injusticia…, de las cosas que perecen, pero tampoco de la felicidad…, que los gruesos manuales… no han llegado a prever.

LES LUTHIERS (Premio Princesa de Asturias 2017 de Comunicación y Humanidades

«Hoy más que nunca nos sentimos orgullosos de esta bendita profesión. El ejercicio del humorismo, profesional o doméstico, más refinado o más burdo, oral, escrito o mímico, dibujado… mejora la vida, permite contemplar las cosas de una manera distinta…, lúdica, pero sobre todo lúcida…, a la cual no llegan otros mecanismos de la razón. El humorismo no depende de estar de buen humor o de mal humor, o de un humor de perros (que es cuando no movemos el rabo…). Hay gente que siempre está de buen humor, pero es incapaz de entender un chiste. No importa, el sentido del humor se aprende y mejora con la práctica: nadie nace riendo. El humorismo es siempre social. Uno no se cuenta un chiste a sí mismo, sino a los amigos o conocidos, en el trabajo, en el bar o en un velorio. ¡El humorismo, señoras y señores, es comunicación! Más aún: ¡Comunicación y Humanidades, que es lo que queríamos demostrar!».

  • El ejercicio del humorismo mejora la vida, permite contemplar las cosas de una manera distinta…, lúdica, pero sobre todo lúcida…
  • El humorismo mejora la vida… es siempre social… es comunicación
  • El humorismo no depende de estar de buen humor o de mal humor
  • ¡El humorismo… es comunicación! Más aún: ¡Comunicación y Humanidades!

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA
Philippe de Montobello. Premio Princesa de Asturias 2017 de Cooperación Internacional

«… Los museos y bibliotecas en su esencia son los depósitos de los más altos logros de la humanidad. En el mundo global en que vivimos, la cultura es una de las vías fundamentales para la cooperación en las relaciones políticas, económicas, y sociales. Los museos y bibliotecas, como la Hispanic Society, facilitan el entendimiento de la diversidad cultural e intelectual de las civilizaciones antiguas y modernas. Este entendimiento es aún más importante hoy en un mundo fragmentado por conflictos que demuestran una falta de apreciación de nuestra herencia cultural común. Con ánimo de promover mejor conocimiento y aprecio de la cultura hispana, la Hispanic Society ha colaborado por más de un siglo con instituciones e investigadores en este importante trabajo… ha facilitado acceso a sus enormes fondos…, a través de publicaciones, exposiciones, intercambios académicos, y ahora por el internet… es la única institución que ofrece… un panorama de cuatro mil años de la historia, arte y cultura del mundo hispano. Hoy en día, la Hispanic Society hace frente al futuro con ambiciosos planes de expandir y modernizar sus instalaciones, ampliar sus programas educativos, difundir sus colecciones digitalmente y continuar colaborando con intercambios culturales y exposiciones internacionales. Todas estas iniciativas con el fin de garantizar la vitalidad y éxito de su segundo siglo de existencia promoviendo una amplia cooperación en el mundo hispano».

  • Los museos y bibliotecas… son los depósitos de los más altos logros de la humanidad
  • La cultura es una de las vías fundamentales para la cooperación
  • Los museos y bibliotecas facilitan el entendimiento de la diversidad

DONALD TUSK (Presidente del Consejo de Europa)

«… Con el tiempo, se convirtió Zagajewski (Premio 2017 Letras) para mi generación de un símbolo de la libertad de expresión, de la independencia de pensamiento y de nuestro anhelo por Europa, no en el sentido geográfico, sino político, intelectual y axiológico.

» Ambos participamos en el movimiento de «Solidaridad» masivo, juntos con millones de nuestros compatriotas. Fuimos golpeados, arrojados a la cárcel, obligado a ir al exilio. Pero nunca nos dimos por vencidos con algunos simples principios: que la violencia no resuelve nada, que el diálogo es siempre mejor que el conflicto, esa ley debe ser respetada por todos los actores de la vida pública, y esa armonía es mejor que el caos.

» Durante todos estos años hemos soñadas con una Europa unida, donde Concordia y la verdad prevalezcan. Y hoy de hecho estamos recibiendo el Premio de la Concordia, a la vez teniendo en cuenta que no hay ninguna verdadera Concordia sin la verdad.

» En muchas partes de nuestro mundo, las personas sienten que están rodeados mentiras, manipulación y falsas noticias. Pero creo profundamente que la verdad es invencible… Uno de los más bellos poemas de Adam Zagajewski habla acerca de la verdad». (reproducido abajo)

• La violencia no resuelve nada, …el diálogo es siempre mejor que el conflicto
• La ley debe ser respetada por todos los actores de la vida pública
• No hay ninguna verdadera Concordia sin la verdad…
• Creo profundamente que la verdad es invencible

Versos de Adam Zagajewski sobre la verdad:

«El territorio de la verdad es claramente reducido,
Estrecho como un sendero al borde de un precipicio
¿Eres capaz de no salirte de él?
Acaso ya lo has abandonado»

Metáforas

Metáforas 150 150 Tino Quintana

«¡El mar! ¡El mar!». Así gritaban los griegos cuando llegaron a la costa después de recorrer una enorme distancia desde tierras persas. El propio Jenofonte cuenta, en su Anábasis, que él mismo corría con sus compañeros hasta lo alto de la colina donde estaban los demás, «abrazados unos a otros, con lágrimas en los ojos», mientras gritaban «¡Thalassa! ¡Thalassa! ¡El mar! ¡El mar!». Habían vivido a la intemperie, expuestos a peligros, padeciendo carencias, confusos, desorientados, dispersados en una geografía hostil y ante gentes desconocidas. El mar era lo que esperaban ver. Estaban llegando a casa.

Aquella marcha de los griegos es una metáfora de lo que supone caminar en tiempos de pandemia a través de ciudades vacías, relaciones extrañas, ancianos aislados, conductas irresponsables, cifras terroríficas de muertos y contagiados… También constatamos necesidades básicas: el cuidado, las normas colectivas, la protección de los más débiles, la común fragilidad y vulnerabilidad, la interdependencia… Es una lección de humildad que nos exige cambiar de manera efectiva. Una larga marcha donde hemos vivido la sensación de haber perdido el horizonte o de haberse empañado. Los griegos de entonces nos enseñaron la importancia de caminar juntos, incluso a la intemperie, y hacerlo con una finalidad. Si no hay rumbo nos perdemos, nos disgregamos.

Así mismo, el entusiasmo de los griegos cuando llegaron al mar es otra metáfora de estos tiempos difíciles. Era insostenible caminar sin llegar a ninguna parte. Era agotador. Ahora se acercaban a casa y los acontecimientos comenzaban a encontrar su sitio. No podían seguir así. Volvían al centro desde el que se ordenan las cosas. Volvían a casa.

La casa física es mucho más que una construcción y varios tabiques. Lo hemos comprobado en el confinamiento. Representa un centro que no es geométrico ni geográfico ni político, es un centro existencial: reúne y orienta. Lo dice muy bien Josep Maria Esquirol, en su libro La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. La imagen de las manos juntas y abiertas hacia abajo simbolizan el tejado de la casa, y las manos hacia arriba representan la petición, la hospitalidad y el don. Igual que la vida diaria. Las manos, puestas así, sugieren que la existencia adquiere sentido desde la casa que es el otro. Son los otros quienes nos ponen a cubierto y a quienes acudimos pidiendo ayuda porque son el hogar originario. Pedro Salinas lo ha descrito en su Largo lamento: «Las manos son muy grandes y se puede / dejar a un ser entero en unas manos».

Pero hay otra metáfora que puede ser útil para entender el tiempo actual. Es la de Ítaca, la isla griega, patria de Ulises, cuyo largo regreso de veinte años, después de la guerra de Troya, narra Homero en la Odisea. Estamos aquí ante un viaje que es más importante que la llegada, un viaje protagonizado por cada uno de nosotros. Todos tenemos una Ítaca. Lo más importante del viaje es la experiencia adquirida de afrontar juntos las dificultades, vencer a cíclopes, lestrigones y al propio Poseidón (nuestros demonios particulares), que entorpecen los pasos y nublan la mente. Lo más valioso es aprender, hacernos sabios mientras caminamos. No hay por qué acelerarse. Ítaca no es la meta, es el motivo y el inicio de un viaje inacabable. Así lo ha contado Constantino Cavafis en versos magistrales:

«Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
»Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
»Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte».
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Entre profesores y poetas

Entre profesores y poetas 150 150 Tino Quintana
Hace varias semanas que dos antiguos compañeros y queridos amigos me enviaron dos vídeos que no tienen desperdicio. Uno es de un profesor de literatura y otro de un poeta. Por eso estas líneas llevan el título “Entre profesores y poetas”.
Nuccio Ordine, profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Calabria, Italia, pone el foco, como suele decirse hoy, en diversas cuestiones de actualidad:
«El contacto con los alumnos en el aula es lo único que puede dar sentido a la enseñanza y a la propia vida del docente. ¿Cómo podré leer un texto clásico sin mirar a los ojos de los estudiantes, sin reconocer en sus rostros los gestos de desaprobación o de complicidad?
»Las aulas, sin la presencia de los alumnos y de los enseñantes, se volverían espacios vacíos, privados del soplo vital. Los estudiantes no son recipientes para ser llenados de nociones. Son seres humanos que necesitan, igual que los profesores, dialogar, reconocerse en la experiencia vital de estar juntos para aprender.
»A los jóvenes, hoy, no se les pide que estudien para mejorar, para hacer del conocimiento un instrumento de libertad, de crítica, de compromiso civil. No. No. A los jóvenes se les pide que estudien para aprender un oficio y ganar dinero.
»Se está perdiendo la idea de la escuela y de la universidad como una comunidad donde se forman los futuros ciudadanos, que podrán ejercer su profesión con una fuerte convicción ética y un profundo sentido de la solidaridad humana.
»En estos meses de confinamiento, estamos dándonos cuenta de que las relaciones humanas, no las virtuales, están transformándose cada vez más en un artículo de lujo … Estamos olvidando que sin la vida comunitaria, sin los rituales que regulan los encuentros entre profesores y alumnos, en las aulas, no puede haber ni transmisión del saber ni formación auténtica.
»Ninguna plataforma digital, ninguna, puede cambiar la vida de un estudiante. Sólo los buenos profesores pueden hacerlo.»
Léopold Sédar Senghor (1906-2001), fue un poeta senegalés que llegó a la Jefatura del Estado de Senegal, además de ser catedrático de gramática, ensayista y miembro de la Academia francesa. Uno de sus poemas dice así:

«Querido hermano blanco,
cuando yo nací, era negro,
cuando crecí, era negro,
cuando estoy al sol, soy negro,
cuando estoy enfermo, soy negro,
cuando muera, seré negro.
En tanto que tú, hombre blanco
cuando tú naciste, eras rosa,
cuando creciste, eras blanco,
cuando te pones al sol, eres rojo
cuando tienes frío, eres azul
cuando tienes miedo, te pones verde,
cuando estás enfermo, eres amarillo,
cuando mueras, serás gris.
Así pues, de nosotros dos,
¿quién es el hombre de color?»

 

Eran sólo 1,20 euros

Eran sólo 1,20 euros 150 150 Tino Quintana

Esta misma mañana, mientras iba en el autobús municipal, ese donde me ceden el asiento y veo el panorama de otro modo, subió una chica con su hijo pequeño. Eran latinoamericanos. La madre no disponía de la cantidad exacta de dinero para el billete. Preguntó en alta voz si alguien disponía de cambio. Yo me levanté para abonarles el viaje con mi tarjeta de bonobús con tan mala fortuna de que cuando la pasé por la pantalla de los tiques dio señal de haber gastado el último viaje. Tampoco tenía dinero suelto para darle la cantidad exacta: 1,20 euros. El niño no pagaba. Me acerqué al conductor y me repitió que no tenía cambio. Entonces, la chica elevó de nuevo su voz: ¿Alguien tiene cambio de 10 euros? ¿Alguno de ustedes puede cambiarme el billete? El conductor guardaba silencio. El reloj parecía haberse detenido. Me levanté a mirar. Seríamos unos treinta pasajeros. Nadie dijo nada, y nadie miraba a la chica de frente. Todo el mundo se hacía el despistado. El niño preguntó: ¿qué pasa, mami? ¿Nadie nos ayuda? La chica, entonces, tomó al niño de la mano y se bajaron del autobús. Se sentaron en el asiento de la parada y comenzaron a llorar. Sólo eran 1,20 euros.

Hice lo que estaba en mi mano por ayudar, pero cuando me puse en pie tampoco dije nada. El silencio puede ser también una manera de ocultar las propias vergüenzas y, en el fondo, los prejuicios sociales. Hacer simplemente lo correcto equivale, en estas ocasiones, a mostrar lo groseramente incorrecto. Así nos luce el pelo a los listillos de Occidente que, con la mayor corrección, callamos ante el hecho de que el 90% de los recursos sanitarios se dedican a investigar las enfermedades que afectan al 10% de la población mundial, la del “Primer Mundo”, mientras que sólo un 10% de esos recursos se dedican a investigar las enfermedades que afectan al 90% de la población que está en el “Tercer Mundo” o, mejor dicho, en el «Último Mundo». Los recursos no dan para tanto en tiempos de pandemia, pero sí para comprar casi todo el stock mundial de remdesivir por lo que pueda pasar (¡¡!!).

Socialmente, como colectivo, no hemos cambiado prácticamente nada. Seguimos teniendo los mismos problemas y dilemas éticos de los hombres de Altamira, aunque, en mi tierra, es mejor decir los de Tito Bustillo, en Ribadesella, para que ustedes vengan a verlo. Aquello de que somos gente solidaria, capaz de cuidar de nosotros mismos y de los más vulnerables, se parece a la historia de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, donde la realidad se confunde con la fantasía. El virus nos ha hecho caer a todos por un inmenso agujero hasta un lugar donde nos hemos observado fascinados por la sonrisa y la exigencia de ser buenos ciudadanos. Parecía incluso que iba a surgir una nueva sociedad y que volveríamos a ser todos mejores. ¡Mentira podrida! ¡Falso!

Lo voy a decir de otra manera para quedar a gusto conmigo mismo. Sigo manteniendo la convicción de que es necesario mantener la confianza en el ser humano. Si no fuera así, habría que cerrar el negocio, y tendría razón el Libro de miseria de omne, de finales del siglo XIII, para quien todo era degradación y desastre. De haber sido así, nada hubiera merecido la pena, nada tendría valor ahora ni mañana. Pero sabemos por experiencia que no es todo así, ni mucho menos. El enorme esfuerzo intelectual, emocional, técnico y moral, que se ha derrochado en esta pandemia, demuestra justo lo contrario.

Hoy disponemos de una enorme cantidad de información en red. Nunca había sucedido nada igual. Pero tener mucha información no equivale matemáticamente a tener conocimiento y sabiduría. Si el crecimiento exponencial de la ciencia y de la técnica no va parejo al crecimiento en actitudes, al desarrollo de la razón cordial, al movimiento del corazón, es decir, si el tratamiento de la información no es proporcional al conocimiento ético, a la disposición proactiva de mejorar las relaciones humanas, de cultivar la fortaleza, la firmeza y la generosidad que reclamaba Baruch Espinosa para vivir éticamente, si no es así, estamos haciendo una farsa. El papel soial que desempeñamos correctamente esconde lo que somos. Basta una madre y su niño en un autobús cualquiera para desenmascararnos.

En el fondo todos somos humanos, pero no acabamos de agarrar lo humano con las manos. No llegamos a Lo humano, demasiado humano, de Friedrich Nietzsche. Me resulta engorroso citar a este hombre, pero decía verdades como puños. Tiene que llegar el momento de superar la ética del statu quo, la ética de un confortable bienestar, de regodearse en el sufrimiento, de instalarse bajo la compasión, de no mover un dedo para cambiar de posición, de pensar siempre como los que mandan porque se les concede la razón sin discutir, de tranquilizar la conciencia por estar suscritos a una ONG, de edulcorar la soledad de nuestros muertos ante el peligro de contagio, de aplaudir a los sanitarios por las ventanas y acordarse de su familia pasado mañana mientras se olvida su protección y su mejora laboral, etc., etc.

Presumimos de una ética centrada en la gratitud, la reciprocidad, la solidaridad y el respeto, mientras pasamos la vida produciendo ingratitud, partidismos, insolidaridad y desprecio. ¡Y continuamos tropezando en la misma piedra! Tenemos una doble moral institucionalizada, pacíficamente socializada, una moral en la que estamos “tan agustito”, o sea, tan ricamente.

Y sólo eran 1,20 euros. Mientras tanto, la madre y el niño lloraban. Era suficiente con verlos llorar. Era tremendo. Era un grito sin palabras. Eran tan sólo 1,20 euros.

El tiempo, la vida y Adriano

El tiempo, la vida y Adriano 150 150 Tino Quintana
Estos meses de pandemia, alarma, confinamiento e infomedia, se están haciendo largos y, a la vez, corren como el viento. Hace poco estábamos en invierno y, de repente, nos encontramos a las puertas del verano. Han sido días diferentes de los de otras épocas de la vida, días “raros”, pero están pasando a toda velocidad. Parecen un suspiro.
Recuerdo, al respecto, el modo de vivir la duración del tiempo durante la infancia. Parecía, entonces, que el tiempo estaba suspendido, detenido, como si el reloj estuviese parado o los días casi no se contaran. En mi caso, además, me dedicaba a subir y bajar en coche el puerto de Pajares desde la cocina de mi casa, me empeñaba en clavar puntas de acero en el suelo de madera de mi propia habitación y rompía a llorar como un perdido cuando escuchaba cantar a mis padres. Años después, levantar el suelo de mi habitación resultó ser toda una proeza, pude subir y bajar realmente el Pajares y el riego de lágrimas ante mis padres me llevó casi a ser músico.
Luego, en la adolescencia y la juventud, los minutos pueden convertirse en horas y las horas adoptar la rapidez de los segundos. A ello hay que añadir que en esa etapa de la vida tenemos la sensación de poder con el mundo entero y de que hasta lo podemos llevar a cuestas. Y, de ahí en adelante, los meses y los años van pasando a una velocidad de vértigo. He vivido con frecuencia la sensación de que los días tenían menos de veinticuatro horas. Siempre faltaba tiempo para hacer cosas. Tenía razón Goethe cuando hacía decir a su Fausto que «al principio era la acción». La vida es acción constante, puro movimiento. 
Con el paso de los años he utilizado la reflexión interior, la presencia de los demás, los libros y la música, como referencias para evaluar mi vida. Ustedes tendrán esas u otras, pero siempre hay alguna. Son decisivas para sostener las emociones, los sentimientos, los conceptos y las ideas que dan un sentido a la vida. Adriano ya utilizaba esos criterios, según lo plasmó la exquisita pluma de Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano. A la sombra de su gran figura me atrevo a decir que he dedicado mucho tiempo a «buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes» de mis ideas y de mis actos, y esto aún no se ha acabado. Es difícil resumir la vida en una frase. Decía Adriano, «lo que no fui es quizá lo que más ajustadamente define» la vida.
Aquel ilustre romano, probablemente oriundo de la Itálica española, estaba convencido de que la tríada «Humanidad, Felicidad y Libertad» eran mucho más que palabras inscritas en las monedas de su imperio. A mi juicio, cualquier forma de inhumanidad, infelicidad y esclavitud, devalúa por completo el valor de aquellas monedas de Adriano y desprecia al ser humano concreto, el «de carne y hueso … el que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano», tal como decía Miguel de Unamuno.
El Macbeth de William Shakespeare decía que «La vida es una sombra, un histrión que pasa por el teatro y que se olvida después, la vana y ruidosa fábula de un necio». Pedro Calderón de la Barca, en La vida es sueño, dejó escrito: «¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: / que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son». También Juan Ramón Jiménez, en Eternidades, dice algo parecido: «Soy como un niño distraído / Que arrastran de la mano / Por la fiesta del mundo. / Los ojos se me cuelgan tristes / De las cosas… / ¡Y qué dolor cuando me tiran de ellos!».
Son versos tan reales como tristes. ¿Hemos nacido sólo para corretear entre títeres? ¿Somos actores de una fábula de cínicos? ¿Tanto nos duelen los ojos por mirar las cosas de la vida? ¿Para qué comprometerse por la justicia? ¿De qué han servido hasta ahora los muertos? Son temas «humanos», como los de Sócrates, y dan qué pensar.
Yo prefiero hacer otra propuesta parafraseando de nuevo palabras de Adriano: «en medio de tantas máscaras, en el seno de tantos prestigios, no puedo olvidarme de la persona humana», es decir, no puedo caer en el error fatal de olvidarme de mi mismo: del joven, del adulto, del “mayor” que ve ahora el panorama desde el asiento del bus municipal, como decía aquí mismo hace unos días, y también de aquel niño que subía montañas desde la cocina de su casa, clavaba como una fiera docenas de puntas cada semana y lloraba a moco tendido cuando se ponían sus padres a cantar. La música, los libros, la presencia de los demás y la reflexión interior han sido hasta hoy las referencias para evaluar el tiempo de mi vida. En mi caso funcionan ¿Cuáles son las de ustedes?

Siéntese, por favor

Siéntese, por favor 150 150 Tino Quintana
Ya no recuerdo cuándo dejaron de llamarme “niño” o “guaje” o “guajín”, como decimos en Asturias. La primera vez que me llamaron “caballero”, en lugar de “chico” o “chaval”, pillé un mosqueo considerable. La siguiente vez que me dijeron “señor”, en lugar de “caballero”, el tema se volvió complicado. Pero el día en que me cedieron el asiento del autobús, diciendo “siéntese, por favor”, la cosa se puso muy seria. Así que niño, chico, caballero, señor, “siéntese” …, el asunto estaba tan claro y distinto como el método de Descartes.
Sin embargo, antes de ir sentado en el autobús municipal, dediqué muchas energías a la investigación. Aprendí a ser “ratón de biblioteca”, una expresión que hizo popular a mediados del siglo XIX Carl Spitzweg en su obra Der Bücherwurm (Ratón de biblioteca). Fue una verdadera gozada. No me había dado cuenta de que sabía tan pocas cosas, ni de que apenas se puede decir casi nada nuevo. Además, en caso de decir algo, dependes por completo de lo que ya han dicho otros. Para pensar hay que dialogar.
Viví entonces entregado a descifrar una serie de temas relacionados con “la lucha por la vida” en un determinado período histórico y con unos resultados que aquí no procede exponer. Me llamó, entonces, la atención el hecho de que, con ese mismo título, había publicado Pio Baroja una famosa trilogía suya (La busca, Mala hierba y Aurora roja), cuyo personaje principal, Manuel, pasa la vida luchando por vivir con un sentido que no consigue alcanzar. Hay varios comentarios suyos que jamás olvidaré: «siempre habrá momentos malos que lleguen a tu vida, los buenos tendrás que ir a buscarlos … para llegar lejos en la vida no es necesario correr, lo importante es no detenerse nunca». 
Pero hubo algo más hondo que confirmó intuiciones anteriores. Al margen de su composición genética o química, la vida es la vida de cada ser vivo singular. Y la vida humana es la vida de cada ser humano con nombre propio, pero no porque posea nombre sino porque es irrepetible. La vida humana, además, está a la intemperie. Por eso es vulnerable e interdependiente. Esto es un hecho empírico. Covid-19 lo está demostrando hasta la saciedad.
Con el paso de los años fui identificándome con versos de Pablo Neruda: «Me gusta cuando callas porque estás como ausente… / Y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza: / Déjame que me calle con el silencio tuyo… / Una palabra entonces, una sonrisa bastan…»
Volviendo al principio. La verdad es que desde el asiento del autobús municipal se ve el panorama de otra manera. Aquel “siéntese, por favor”, fue decisivo. Hay cosas que antes parecían insignificantes y ahora adquieren valor, como la palabra, el silencio, la sonrisa, la mirada. Hacen el mundo más humano, un término éste nada fácil de definir, por cierto, pero nos entendemos ¿verdad que sí?

 

2º Premio Humanización de la Asistencia Sanitaria

2º Premio Humanización de la Asistencia Sanitaria 150 150 Tino Quintana
Real Academia de Medicina del Principado de Asturias

La Fundación Real Academia de Medicina y Cirugía del Principado de Asturias, en colaboración con Previsión Sanitaria Nacional, con el ánimo de fomentar y reconocer los valores humanísticos en el ejercicio de la medicina y de la asistencia sanitaria, convoca el Premio Humanización de la Asistencia Sanitaria 2019, consistente en un diploma acreditativo, con las siguientes Bases: 
I. Podrán participar aquellos profesionales, organismos, instituciones, unidades y servicios que consideren que, bien por su trayectoria o por la elaboración de un trabajo, estudio o proyecto innovador, han realizado una aportación a la humanización del desempeño de la medicina o de la asistencia sanitaria. 
II. La presentación de las candidaturas basadas en una trayectoria institucional o personal se realizarán por los propios interesados o mediante propuesta de un tercero. A tal fin se aportará, en ambos casos, una memoria en la que se detallarán en un máximo de 15.000 caracteres (con espacios) los motivos por los cuales se consideran merecedores del Premio. 
III. En el caso de trabajos, estudios o proyectos la presentación no podrá exceder de 35.000 caracteres (con espacios), incluyéndose en ellos todos los conceptos que los conformen (notas, bibliografía, referencias, iconografía, etc.). IV. Tanto de las memorias de los trabajos, como de estudios o proyectos se remitirá un ejemplar en formato electrónico (.pdf) a: inforampra@rampra.org y otro en soporte papel a: Fundación Real Academia de Medicina y Cirugía del Principado de Asturias, Plaza de América n° 10, 2º, 33005 Oviedo, Principado de Asturias (España).
V. Las fechas de remisión serán desde el 1 de marzo hasta el 31 de mayo de 2019.
VI. El Premio Humanización de la Asistencia Sanitaria será otorgado por un Jurado, designado por el Patronato de la Fundación Real Academia de Medicina y Cirugía del Principado de Asturias, que en caso de considerarlo necesario podrá solicitar aclaraciones e información complementaria a los aspirantes. El fallo de dicho Jurado se hará público en la segunda quincena de julio de 2019 y será inapelable. 
VII. El ganador deberá recoger el galardón en la sesión que se celebrará en octubre de 2019 en la sede del Colegio Oficial de Médicos de Asturias, en Oviedo. El autor acudirá personalmente y se compromete a pronunciar una conferencia cuya duración máxima será de 30 minutos. La falta de asistencia a este acto se entenderá como renuncia al Premio. 
VIII. La interpretación de estas bases y la solución a las dudas que pudieran plantearse, en cuanto a su correcta aplicación, corresponderá exclusivamente a la Junta de Gobierno de la Real Academia de Medicina del Principado de Asturias. En caso de litigio de cualquier índole, el concursante o las partes afectadas se someten de antemano a los Tribunales de Justicia de Oviedo. 
IX. La participación en esta convocatoria al Premio Humanización de la Asistencia Sanitaria, supone la aceptación de las bases anteriormente expuestas. 
Oviedo, 4 de octubre de 2018

Epistemología en Bioética Clínica

Epistemología en Bioética Clínica 150 150 Tino Quintana

Del griego «episteme» (conocimiento, ciencia) y «logos» (estudio, tratado), viene a significar «teoría o estudio del conocimiento» y, como tal, se ha convertido en una rama de la filosofía que estudia el fundamento, los límites y la metodología del conocimiento. Dado que en su objeto de estudio se encuentra también el conocimiento científico, según el contexto donde tenga lugar, podría ser difícil distinguir entre epistemología y «filosofía de la ciencia». En un contexto puramente filosófico se identificaría con la clásica «teoría del conocimiento», denominada también por otros autores como “gnoseología” (del griego “gnosis”, conocimiento o facultad de conocer). Junto a la metafísica, la lógica y la ética, es una de las cuatro ramas principales de la filosofía y casi todos los grandes filósofos han contribuido a su desarrollo. Sin embargo, para el fin que perseguimos en estas páginas, a saber, la epistemología de la bioética clínica, será de gran utilidad la definición de la epistemología propuesta por el filósofo mexicano León Olivé: “…la disciplina que analiza críticamente las prácticas cognitivas, es decir, aquellas mediante las cuales se genera, aplica y evalúan diferentes formas de conocimiento…” (Olivé L., “Epistemología en la ética y en las éticas aplicadas”, en Garrafa V, Kottow M, Saada A -coords.-, Estatuto Epistemológico de la Bioética, México; 2005: 136).

No es frecuente prestar atención al estatuto epistemológico de la bioética, es decir, a la cuestión acerca de si la bioética dispone de o puede ofrecer un conocimiento propio y específico que, por ello, la hagan necesaria dentro del conjunto de saberes humanos. Siempre me ha preocupado un tema tan “sesudo” como éste. Intentaré explicarlo con lenguaje adecuado. Y sobre el resultado final, pues…que juzgue cada lector/a.

1. CONOCIMIENTO TRANSVERSAL/PLURIDISCIPLINAR DE LA VIDA (bios)

La vida, “vita” en latín y “bios” en griego (aunque en griego también se denomina “zoé”) se manifiesta y se desarrolla en una compleja red de interdependencias. A nadie se le escapa la constatación de que la vida, tanto la humana como la del resto de seres vivos, la del medio ambiente y, en definitiva, la del planeta Tierra, atraviesa transversalmente muchas formas de conocimiento humano: la biología, la medicina, el derecho, la filosofía, la sociología, la política, la religión, la ecología, y otras muchas disciplinas, abordan las distintas etapas, aspectos y manifestaciones de la vida, con sus respectivos problemas, desde la peculiar perspectiva epistemológica de cada una de esas disciplinas. En consecuencia, la transversalidad del “bios” es inseparable de la pluridisciplinariedad entendida como actitud y como método. Es una actitud porque parte de y tiene en cuenta la enorme complejidad de la vida; y es un método porque convierte la vida en objeto de estudio de varias disciplinas a la vez desde sus perspectivas específicas de conocimiento (biopolítica, bioderecho, biomedicina, biotecnología, bioeconomía…). Todo ello significa que el conocimiento sobre la vida no se puede reducir a la biomedicina o a la medicina clínica. Bastaría para ello recordar la posición de V.R. Potter, por ejemplo.

2. CONOCIMIENTO ÉTICO DE LA VIDA (bios-êthos)

El conocimiento de la vida ha sido abordado por la ética desde sus orígenes. Al fin y al cabo, como ya decía Sócrates, la ética trata de responder a las preguntas sobre ¿cómo debo vivir? o ¿cómo debemos vivir? Más aún, Aristóteles nos enseñó a ver la ética no como un aprendizaje de cosas sino como el modo de ser buenos o, en otros términos, como la práctica de vivir bien: “Estudiamos ética no para saber qué es la virtud, sino para ser buenos” (Ética a Nicómaco, II, 1103b, 30). Pero aquí tenemos que ir más allá, puesto que desde 1971, con la propuesta de Potter, la bioética no sólo es un nuevo neologismo, sino que se ha desarrollado y difundido por todas partes.

Hemos dicho más atrás que el conocimiento de la vida es transversal y pluridisciplinar. Una de esas formas de conocimiento es la filosofía y, más en concreto, una de sus ramas más señeras: la ética. El vocablo “êthos”, procedente del griego, pone el acento en el carácter, modo de ser o tipo de persona que cada uno ha elegido ser. Y, aún más originariamente, tiene que ver con el hogar, la morada, el lugar habitual donde vivimos, indicando dónde están las raíces de la propia personalidad moral. Este ámbito tiene que ver con la emoción, el sentimiento y, sobre todo, con la capacidad de pensar y reflexionar. Así pues, la ética se ocupa del por qué debemos hacer lo que debemos hacer de bueno durante la vida, con la propia vida y la vida de otros. Sólo que, al centrarse en este caso sobre el “bios”, esa vida-bios es objeto de reflexiones, tematizaciones y decisiones en términos de êthos-ética, o sea, la ética se transforma en bio-ética («bios-êthos»).

Así pues, por un lado, la bioética es, ante todo, un discurso ético, que se distingue de otros discursos éticos por el «objeto material» del que se ocupa, un objeto, el “bios” que adquiere diferentes matizaciones según la mayor o menor amplitud con que se defina:

  • El uso creativo del diálogo inter y transdisciplinar entre ciencias de la vida y valores humanos para formular, articular y, en la medida de lo posible, resolver algunos de los problemas planteados por la investigación y la intervención sobre la vida, el medio ambiente y el planeta Tierra (A. Llano Escobar, “¿Qué entendemos hoy por bioética?” Selecciones de Bioética, 15 -2009- 6) con la que estarían de acuerdo F. Jahr, V.R. Potter y sus respectivos seguidores. Algunos la llaman “macrobioética”.
  • Designa un conjunto de investigaciones, discursos y prácticas, generalmente pluridisciplinares, que tienen por objeto clarificar o resolver las cuestiones éticas suscitadas por el avance y la aplicación de las tecnociencias biomédicas (G. Hottois, “Bioéthique”, en G. Hottois, J. Noël Missa -eds.- Nouvelle encyclopédie de bioéthique, DeBoeck Université, Bruxelles, 2001, 124) con la que estarían más de acuerdo todos los seguidores de la bioética médica o clínica, que tanta difusión y desarrollo ha tenido en todas partes. Algunos la llaman “microbioética”.

Y, por otro lado, como consecuencia de lo anterior, la pregunta de fondo y la respuesta última que se busca en bioética coincide con la perspectiva dominante desde la que se realiza el conocimiento, aquello que los escolásticos llamaban “objeto formal” de la disciplina en cuestión, el punto de vista o ángulo visual desde el que se aborda el conocimiento de la vida. Esa perspectiva dominante es la ética que construye un hogar epistémico nuevo: la bio-ética.

3. EPISTEMOLOGÍA DE LA BIOÉTICA CLÍNICA

Hemos reiterado en múltiples ocasiones que, para nosotros, el foco principal de atención es la bioética médica o clínica o asistencial o de las profesiones sanitarias. Y ello es así porque es a esa temática a la que el autor de estas líneas ha dedicado la mayor parte de su tiempo. No hay más. Así pues, ello no significa para nada olvidar, descuidar ni minusvalorar el planteamiento original de la bioética que ha propuesto V.R. Potter y que continúa siendo el mayor desafío de la sociedad actual. Es, además, un desafío total y global. Es global porque afecta a todos los aspectos y dimensiones que componen la intrincada y compleja red de la vida; y es total porque afecta al conjunto de los seres vivos y, en particular, a los seres humanos como responsables de proteger y cuidar toda la vida y la vida de todos. Pero vayamos a lo que realmente nos interesa.

El objeto material de la bioética clínica es la acción clínica sobre la salud y la vida de las personas que acuden a los profesionales sanitarios solicitando ayuda terapéutica o, dicho de otro modo, su objeto material es ese “modo aflictivo y anómalo del vivir personal” que es la enfermedad, como decía P. Laín Entralgo, sobre la que versa el análisis, diagnóstico y pronóstico y tratamiento clínico, junto a sus respectivas decisiones prácticas.

El objeto formal de la bioética clínica es el ángulo de visión o perspectiva específica desde la que se aborda el tratamiento de la salud, la enfermedad y la vida: se trata de la perspectiva ética como parte intrínseca de la misma práxis medica y, de manera expresa, como la justificación racional de por qué debemos actuar bien tanto en el orden de los valores y los deberes o normas como en el de las virtudes éticas que se objetivan positivamente en la práctica sanitaria.

En consecuencia, siguiendo la fórmula tradicional de la definición, centrada en dos elementos de carácter lógico, el género próximo y la diferencia específica (definitio fit per genus proximum et differentiam specificam), la bioética clínica o médica es, ante todo, un discurso ético, que se diferencia de otros discursos éticos, por el objeto material y el objeto formal de los que se ocupa, a saber: los problemas éticos que se plantean en el cuidado de la salud y de la vida en el ámbito de las profesiones sanitarias, teniendo en cuenta que esto se lleva a cabo con diversos planteamientos y metodologías éticas y en un contexto pluridisciplinar. Como ya hemos dicho en otro lugar (Bioética Médica -I-: Fundamentos mínimos y Bioética Médica -II-: Fundamentos mínimos) la salud y la vida de las personas enfermas es abordada por los profesionales sanitarios realizando valores, cumpliendo deberes (y con ello principios y normas), asumiendo virtudes y tomando buenas decisiones, es decir, las competencias técnicas se practican con actitudes éticas.

3.1. La epistemología es indispensable para la bioética

La medicina actual es un complejo mundo de especialidades científico-técnicas basadas en un sistema de acciones intencionales, es decir, sistemas que incluyen a determinados agentes que buscan ciertos fines, en función de determinados intereses, para lo que se ponen en juego unos medios concretos que permiten obtener resultados valiosos para la salud y la vida de las personas. Pues bien, tanto los fines buscados, como los medios que se utilicen y los resultados esperados, implican y ponen siempre en juego no sólo el conocimiento específico de cada especialidad médica o sanitaria, sino, además, el conocimiento de valores, deberes, principios, virtudes y decisiones éticas por parte de los agentes sanitarios. Y ello por dos razones: 1ª) porque, a tenor de lo anteriormente expuesto, no hay ningún sistema científico-técnico que sea éticamente neutral; y 2ª) porque la medicina es constitutivamente ética, dado que la praxis médica no se entiende si no busca objetivamente el bien, en este caso el bien terapéutico.

Todo esto significa que la epistemología es indispensable para la bioética clínica. El conocimiento científico-técnico es indispensable para el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de la enfermedad que, al mismo tiempo, es inseparable del conocimiento de valores, principios, virtudes y decisiones éticas que se ponen en juego ante y con los pacientes. Puede decirse, con algunos, que lo anterior no cuenta con definiciones unívocas, con contenidos aceptados pacíficamente, con métodos universalmente validados, y con más cosas sobre las que no hay acuerdo. Pero lo que es imposible afirmar es que exista algún profesional sanitario que, por más que se empeñe, consiga negar, ocultar o invalidar la vertiente ética explícita de su actuación cotidiana con las personas enfermas a su cargo. En resumen, la epistemología científica y la epistemología ética van de la mano.

3.2. Las prácticas cognitivas de la bioética
Decíamos al principio, citando a Olivé, que “la epistemología es la disciplina que analiza críticamente las prácticas cognitivas, es decir, aquellas mediante las cuales se genera, aplica y evalúan diferentes formas de conocimiento”. Aquí, entendemos por “prácticas cognitivas” aquellas unidades centrales de análisis que componen sistemas dinámicos donde van incluidos al menos los siguientes elementos:

  1. Un colectivo de agentes que tienen capacidades y con propósitos comunes e interactúan coordinadamente entre sí y con el medio.
  2. Un medio del que forma parte la práctica donde los agentes interactúan con otros agentes, siendo ese medio cualquier recurso sanitario validado clínicamente.
  3. Un conjunto de objetos sobre los que se actúa, que son afectados directamente por el medio utilizado y que en este caso son las personas enfermas.
  4. Un conjunto de acciones que constituyen una estructura compuesta por intenciones, propósitos, fines, valores, principios, normas, juicios de valor y emociones.

Utilizando palabras del citado León Olivé («Epistemología en la ética…«, pág. 141), “una práctica cognitiva está constituida por un conjunto de seres humanos quienes a su vez dan lugar a un complejo de acciones, orientadas por representaciones -que van desde modelos y creencias hasta complejas teorías científicas- y que tienen una estructura axiológica, es decir, normativo-valorativa.” Cuando un grupo de especialistas médicos aplican valores y normas éticas para realizar evaluaciones y tomar decisiones acerca de cómo actuar con sus pacientes, están constituyendo una práctica cognitiva en el sentido aquí expuesto. Los mismo sucede con los Comités de Bioética cuando deliberan para asesorar sobre la resolución de casos éticamente conflictivos. En ambos casos, los profesionales sanitarios emprenden acciones apoyándose simultáneamente en el conocimiento científico y en el conocimiento ético. Asimismo, los miembros de un Comité asesoran sobre las acciones a llevar a cabo, previo análisis minucioso del caso clínico en cuestión, combinando el conocimiento científico y el conocimiento ético. Pero, además, unos y otros tienen una determinada autocomprensión de sí mismos y una determinada comprensión de los pacientes a los que prestan asistencia, es decir, dependen del conocimiento adquirido sobre ellos mismos y sobre los enfermos o, dicho de otro modo, actúan en función del tipo de ser humano que es cada cual, dependen de una epistemología antropológica. Por tanto, la bioética clínica necesita la epistemología para analizar críticamente las prácticas cognitivas cuyo objeto es la acción clínica, es decir, genera, aplica y evalúa diferentes formas de conocimiento.

3.4. Presupuestos de las prácticas cognitivas en bioética clínica
Los cuatro elementos básicos que componen la epistemología de las prácticas cognitivas antes mencionados (agentes, medios, objetos y acciones), necesitan fundamentos en los que apoyarse. A nuestro juicio, son los siguientes:

  1. La existencia de sujetos morales con capacidad para elegir libremente su conducta, argumentar razonadamente sus decisiones y hacerse cargo de sus actos, o sea, ser responsables que lo que hacen y de sus consecuencias.
  2. El conocimiento personalizado y compartido de valores, principios y virtudes éticas, que sean objeto permanente de evaluación crítica.
  3. El hecho de la bioética clínica como disciplina que, epistemológicamente, adquiere y amplía el conocimiento a través de en un conjunto de instituciones académicas, técnicas o sociales, tales como cátedras, departamentos congresos, libros, revistas y comunidades de especialistas o comunidades disciplinares.
  4. La práctica continua de la deliberación moral, entendida como como el procedimiento de análisis crítico de los problemas éticos en orden a la toma de decisiones buenas, razonables y prudentes.
  5. La utilización sistemática del método hermenéutico, que parte de los hechos, de la experiencia, y lleva a una reflexión que conduce a una nueva praxis, como un círculo interpretativo (el “círculo hermenéutico”) interminable que exige estar abiertos permanentemente a los continuos cuestionamientos que plantea la realidad.
  6. Dar por sentado que la autocrítica es mejor que la crítica y que la crítica de los demás es una necesidad, sabiendo que la crítica racional ha de ser siempre específica, fundamentada y argumentada, para acercarse al conocimiento objetivo.

3.5. Competencias epistemológicas de los profesionales sanitarios

La epistemología de la medicina en cuanto ciencia y técnica o sistema tecnocientífico centrado en el conocimiento de la enfermedad, nos lleva a hablar de una epistemología realista y científica. Realista porque su conocimiento tiene como punto de partida la observación y estudio de los síntomas para llegar a saber lo que le sucede al paciente. Y científica porque la praxis médica tiene que basarse en la investigación científica, positiva y empírica, como la mejor vía de conocer los hechos clínicos. Ahora bien. Junto a esta epistemología o gnoseología médica imprescindible e irrenunciable hay otras dos áreas de conocimiento sin las que resulta imposible ejercer la medicina.

1ª) La comprensión de la medicina como “ars medica”, utilizando términos clásicos. El acto médico es un acto humano. No necesita aditivos externos para hacer humano algo que ya es de por sí profundamente humano. Sin embargo, trasciende la aplicación de información científica y va mucho más allá de la mera acumulación de conocimientos. El acto médico surge en el seno de una relación interpersonal única donde se forja una atmósfera especial, de carácter terapéutico, basada en la confianza. Se trata de un ingrediente fundamental para conseguir una medicina efectiva. El arte médico tiene muchísimo que ver con la gestación de esa atmósfera especial donde se buscan dos fines básicos: transmitir sentimientos y emociones, y despertar la magia interior.

  • La transmisión de sentimientos y emociones sucede cuando el médico logra a través de su actitud que el paciente perciba el afecto que éste le profesa y el interés que tiene en ayudarlo. Esto consolida la alianza médico-paciente, que facilita la confianza del enfermo, fortalece su autonomía y el seguimiento de las pautas médicas.
  • La magia surge cuando en esa relación interpersonal se evocan y provocan sentimientos positivos para superar la enfermedad, que ayudan al paciente a pasar por el duro camino de conocer lo que, abrirse a la esperanza de sanar o, llegado el caso, morir su propia muerte rodeado de dignidad, cuidados y cariño.

Para mayor información al respecto:
.- Álvaro Díaz Berenguer, “¿Por qué la medicina sigue siendo un arte?” (2012)
.- J.A. Rodríguez-Montes, “Decadencia del arte clínico y auge de la medicina high-tech” (2009)
.- J.A. Gutiérrez-Fuentes, “La medicina, una ciencia y un arte humanos” (2008)
.- Arturo G. Rillo, “El arte de la medicina: una investigación hermenéutica” (2006)

2ª) La prevalencia de la responsabilidad ética de los profesionales sanitarios, en cuanto forman parte de un ámbito científico y técnico específico, que implica la asunción de responsabilidades exclusivas, tanto por la materia de la que se ocupan, es decir, la salud y la vida de sus pacientes, como por el cúmulo de conocimientos privilegiados que poseen acerca de sus pacientes. Se trata de hacerse cargo de lo que se hace a otras personas y de las consecuencias derivadas de esos actos. Es una responsabilidad que va más allá de las dudas razonables sobre el nexo causal de los fenómenos morbosos o de cómo manejarlos. Se refiere, sobre todo, a por qué y cómo actuar, cómo y por qué aplicar un determinado conocimiento y no otro, saber los fines que se persiguen, los medios que se utilizan y los resultados que se espera conseguir. Todo ello incluye no sólo los grandes problemas de la bioética clínica contemporánea (terapia génica, manipulación genética, clonación, diagnóstico prenatal, experimentación con embriones, células madre, trasplantes, ensayos clínicos con medicamentos, etc., etc.,). Se refiere, lisa y llanamente, el eje central de la medicina: el tratamiento ofrecido a cada uno de los pacientes conforme a su dignidad humana y sus derechos fundamentales.

ALGUNAS CONCLUSIONES BÁSICAS

La epistemología de la ciencia y la técnica médicas hay que combinarla con el “arte” de las relaciones interpersonales y el cuidado integral del paciente. Son dos puntos de apoyo imprescindibles para un verdadero progreso de la humanidad.

Es muy importante conocer las bases científicas de la vida, pero es también muy importante, o más, conocer el vivir humano de cada persona enferma, es decir, ese modo aflictivo y anómalo del vivir personal que es la enfermedad.

Tiene gran relevancia conocer y aplicar los conocimientos sobre el origen genético de las enfermedades, por ejemplo, pero tiene la misma relevancia, o más, adquirir experiencia constante y continuada en las relaciones personales médico-paciente.

La sociedad actual pone mucho énfasis en el coeficiente de inteligencia y en la calificación científico-técnica de sus profesionales sanitarios, pero ese mismo énfasis, o mayor, hay que ponerlo en todo lo referente a la comunicación, el tacto, la sensibilidad, la cercanía, la capacidad perceptiva y el buen gusto a la hora de tratar al que sufre.

Es admirable e imprescindible el trabajo de laboratorio e investigación. Sin ellos no hay progreso médico. Pero tan imprescindible y admirable es, o más, encontrar palabras adecuadas para responder a las preguntas de un paciente, guardar silencio cuando no se sabe responder, dar la cara y mirar de frente a los ojos del paciente en lugar de mirar sólo a la pantalla del ordenador, por ejemplo.

Intensificar la epistemología científica a costa del contacto interpersonal, es decir, descuidando o menospreciando la compleja epistemología que conlleva el trato directo, transparente y empático, de cada una de las personas enfermas, no sólo es un craso error. Es ir por la vida dándoselas de sabios, casi omnipotentes, ignorando que lo más profundo de ser humano aflora cuando nos ex-ponemos ante los otros (no cuando nos im-ponemos sobre los otros) y, de ese modo, aprendemos a responder y a responsabilizarnos de los otros, en particular de los que están a nuestro cargo o bajo nuestro cuidado. Caer en ese error sería ignorar que la medicina ya es en sí misma ética y que, por tanto, la epistemología contribuye a potenciar el sentido ético de la praxis sanitaria.

Ética de las Organizaciones Sanitarias (y II)

Ética de las Organizaciones Sanitarias (y II) 150 150 Tino Quintana

La bioética se ha venido moviendo desde los años setenta del siglo XX en un mapa de tres niveles o círculos concéntricos. El primero aborda la relación médico-paciente, suele recibir el nombre de bioética clínica, y es el que ha alcanzado mayor desarrollo hasta el momento. El segundo contiene al anterior y abre el campo a la ética de las organizaciones sanitarias. Y el tercero, que contiene a los otros dos, adopta la forma de una bioética global referente a la ética de los sistemas y las políticas de salud, a los problemas del medio ambiente (ecoética) y a la posibilidad de establecer una bioética mínima compartida globalmente.

Ha sido por esas mismas fechas cuando el vocablo “organización” se vinculó al de “empresa” y, en particular, a la dirección por valores (Values Based Management) dentro de la recién aparecida “ética de la empresa o de los negocios” (Business Ethics). Teniendo en cuenta la influencia de esta última, por un lado y, por otro, el impacto de grandes transformaciones que afectan con intensidad al mundo sanitario (el vertiginoso crecimiento de la biomedicina y de las tecnologías sanitarias, el problema de la equidad en el acceso y la distribución de unos recursos sanitarios cada vez más costosos, la expansión del movimiento reivindicativo de derechos referentes a la salud, así como el crecimiento exponencial de la participación ciudadana), la bioética no sólo se está ocupando de revitalizar el sentido ético de las profesiones sanitarias, sino que ha comenzado a dar un nuevo paso hacia el nivel que ocupa la ética de las organizaciones sanitarias. Vamos a ver, primero, la estructura básica de la ética de las organizaciones, en general, para centrarnos luego en el contenido básico de dicha.

Nota: Además de la bibliografía indicada al final de esta página, he tenido muy en cuenta diversos trabajos de P. Simón, A. Cortina, D. García-Marzá, y D. Gracia, entre otros.

1. ESTRUCTURA BÁSICA DE LA ÉTICA DE LAS ORGANIZACIONES

En sentido estricto sólo las personas son agentes morales puesto que, salvo excepciones, son las únicas que reúnen los criterios necesarios para considerarlas sujetos de moralidad. Y dado que las organizaciones están compuestas por personas, tiene interés describir la estructura básica de éstas con el fin de ver después, por analogía, las características éticas de aquéllas.

Hay que poner de relieve, en primer lugar, que el marco conceptual de la ética de las organizaciones es la comprensión de la persona no como un ser aislado, sino como ser en relación consigo mismo, con los otros y con el entorno donde vive, formando parte activa de un entramado natural y social complejo. La persona es el eje y la clave de cualquier ética. Y, en segundo lugar, es necesario tener en cuenta que la persona misma está organizada, o sea, tiene la capacidad de tomar decisiones, lo que significa, cuando menos, lo siguiente: 1º) conocer e interiorizar los valores y las metas que orientan sus decisiones, porque así forja su identidad moral o carácter ético, su êthos; 2º) ponderar las decisiones antes de adoptarlas, regular la consecución de los objetivos morales y poner voz a la reflexión sobre la acción moral; y 3º) asumir la responsabilidad de las decisiones adoptadas y de las consecuencias que se derivan de ellas, sabiendo que eso también implica responder y hacerse cargo de cuanto entra en el ámbito de sus relaciones.

Las organizaciones están dotadas de una estructura que tiene, por analogía, los rasgos distintivos que permiten considerarlas como agentes morales corporativos: 1º) Se caracterizan, ante todo, por ser un lugar de relaciones humanas y, además, de relaciones específicas, en función de la meta o fin que define la identidad de cada organización. 2º) También se caracterizan por la capacidad de tomar decisiones y de responsabilizarse de sus respectivas consecuencias, teniendo en cuenta que el ejercicio de tal responsabilidad ya es en sí mismo estructuralmente ético. 3º) Cada organización es capaz de tomar decisiones, ponderarlas antes de adoptarlas, regular la consecución de sus objetivos y reflexionar sobre sus acciones, basándose en valores, en principios y en la evaluación continua de sus fortalezas y debilidades. 4º) Como fruto de todo lo anterior, las organizaciones generan un clima ético protagonizado y reconstruido de manera permanente por la moralidad cotidiana de las personas que las integran, es decir, por la calidad humana de las relaciones que configuran la organización. 5º) De ese modo, las organizaciones construyen una cultura propia que expresa públicamente:

  • Ideales y valores, es decir, su êthos (priorizar objetivos y justificar decisiones).
  • Identidad organizativa (mostrar su originalidad y carácter específico).
  • Identidad social (ser reconocidas y legitimadas por la sociedad).

A tenor de lo expuesto, parece que este es el momento adecuado para ofrecer una de las numerosas definiciones que existen al respecto: «La ética de la organización es la articulación, aplicación y evaluación de los valores relevantes y posicionamientos morales de una organización, que la definen tanto interna como externamente».

2. EL MARCO ÉTICO DE LAS ORGANIZACIONES SANITARIAS

Suele afirmarse que la ética de las organizaciones sanitarias, como tal, ha tenido su punto de arranque en la década de los 90 del siglo XX, en EE.UU, porque, en 1995, la JCAHO (Joint Commission for Accreditation of Healthcare Organization), incluyó en el capítulo de su manual de acreditación, dedicado a los derechos de los pacientes, unos nuevos criterios y estándares agrupados bajo el título “ética de la organización”. A lo largo de su trayectoria, La JCAHO ha terminado vinculando de manera inseparable los conceptos de calidad, acreditación, gestión eficiente y ética en el ámbito sanitario. Hubo también otros colectivos y grupos de trabajo que han hecho recomendaciones con la misma orientación. La bibliografía al respecto comienza a proliferar a partir de la segunda mitad de los años noventa del siglo XX. Así pues, en el espacio humano, físico y funcional donde tiene lugar la ética clínica, en la organización sanitaria (ambulatorios, centros de atención primaria, unidades de gestión clínica, hospitales…), hay valores compartidos que es necesario explicitar, metas o fines específicos que es necesario asumir, y actitudes o virtudes que se deben adquirir. Todo ello configura el clima ético donde se desarrolla la responsabilidad de la organización entre las personas, con las personas y la sociedad.

La ética de las organizaciones sanitarias tiene su justificación en el marco delimitado por la defensa de la dignidad de todas y cada una de las personas que la integran. Las personas (pacientes, profesionales, gerentes…) no tienen precio, tienen dignidad, y no pueden ser utilizadas sólo como medios, cosas o instrumentos, sino siempre como fines que merecen respeto por sí mismas. Los pacientes se sienten tratados como personas, y no como un caso clínico, cuando se establece un clima de buena comunicación que facilita la relación médico-enfermo. Los profesionales se sienten tratados como personas cuando perciben que su actividad es respetada, valorada y potenciada. Los gerentes se sienten tratados como personas cuando ejercen su liderazgo ético, no sólo económico, basándose en la credibilidad y la coherencia de sus decisiones. En resumen, respetar y promover la dignidad humana, los derechos humanos y las libertades fundamentales y, al mismo tiempo, priorizar los intereses y el bienestar de la persona respecto al interés exclusivo de la ciencia o la sociedad, como dice la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos , es el fundamento ético de las organizaciones sanitarias. Dicho de otro modo, el nivel ético de las organizaciones sanitarias es proporcional a la calidad humana de las relaciones interpersonales que las conforman.

Por otra parte, las sociedades occidentales se caracterizan, entre otras cosas, por la existencia de un acusado pluralismo moral, que no es ninguna clase de invento “progre” ni, menos aún, un estado deteriorado de la condición humana. Al contrario, es uno de los valores éticos que constituyen la ética cívica y contribuyen a hacer posible la convivencia en paz. Forma parte del marco ético en cuyo espacio conviven los diferentes grupos morales de una sociedad en torno a una serie de valores mínimos.

2.1. Un espacio para compartir valores, principios y objetivos
Las organizaciones sanitarias, como reflejo de la sociedad donde se insertan, son también un espacio donde las personas que las componen ponen voz y definen los valores que forjan su carácter moral, su êthos, ser coherentes con los valores compartidos en la sociedad y respetar al máximo los valores particulares. Un modo de hacerlo, por ejemplo, es tomar como referencia los principios de la bioética estándar. Estos principios delimitan otras tantas zonas del mundo de los valores morales, así como derechos y deberes, que delimitan el marco ético y la actuación moral de la organización sanitaria:

No-Maleficencia: Minimizar la posibilidad de realizar un daño o perjuicio físico, psicológico, moral, económico o social innecesario a las personas, cuando no es adecuadamente compensado por los potenciales beneficios de las posibles actuaciones.
Valores: Seguridad, eficacia y efectividad, calidad científico-técnica, prevención de la enfermedad, de la medicalización, del sufrimiento y de la muerte prematura, y protección de la salud, la intimidad y la confidencialidad.

Justicia: Procurar un reparto equitativo de los beneficios y las cargas, facilitando un acceso no discriminatorio, adecuado y suficiente de las personas y las comunidades a los recursos disponibles, y un uso eficiente de los mismos.
Valores: No discriminación, igualdad de oportunidades, equidad en la distribución de recursos, equidad intergeneracional, enfoque de género, enfoque multicultural, atención preferente a la vulnerabilidad, transparencia, responsabilidad social corporativa, y eficiencia.

Autonomía: Respetar que las personas y las comunidades gestionen su propia vida y tomen decisiones respecto a su salud y su enfermedad de manera informada.
Valores: Libertad, información, intimidad, confidencialidad, participación en la toma de decisiones, comunicación, consentimiento informado.

Beneficencia: Promocionar el bienestar de las personas y las comunidades, cuidándolas y ayudándolas para que realicen su propio proyecto de vida en la medida de lo posible.
Valores: Salud integral, cuidado, comunicación, trato personalizado, ayuda mutua en salud, calidad humana, relacionalidad y empatía.

Para poner esto en práctica hay que establecer objetivos evaluables periódicamente:

  • Convertir el marco ético en una pieza clave de la organización sanitaria y de sus ámbitos de decisión.
  • Practicar constantemente la deliberación moral para profundizar en los valores y principios éticos que identifican a la organización.
  • Incrementar nuevos conocimientos en bioética para seguir alimentando y mejorando el êthos de la organización.
  • Impulsar iniciativas que fortalezcan el compromiso ético de las organizaciones con la sociedad.

Nota: Sobre lo expuesto anteriormente, véase la Estrategia de Bioética del Sistema Sanitario Público de Salud de Andalucía 2011-2014 (p. 15-23)

Es muy importante recordar que en las organizaciones coexisten dos tipos de valores: unos son de carácter intrínseco, como la salud o la vida, y otros son de carácter instrumental como es el caso de un medicamento o una técnica terapéutica. Aquellos no tienen precio y, por ello, no son intercambiables ni sustituibles, mientras que éstos sí lo son y se pueden medir en unidades monetarias. Cada organización sanitaria cuida y promueve la vida y la salud, buscando por encima de todo la eficacia, y preocupándose simultáneamente de sostener la eficacia con eficiencia. Pero no hay dos éticas. Hay una misma ética con valores distintos. El objetivo no es primar unos sobre otros, ni separar o contraponer ambas funciones, sino salvar ambos, complementarlos o lesionarlos lo menos posible. La eficacia no tiene por qué estar reñida con la eficiencia. En caso de conflicto es imprescindible deliberar cuál tiene prioridad, eligiendo la decisión más prudente. Así todo, la persona enferma es el valor por antonomasia y, por tanto, en torno a ella debe girar el conjunto de valores y decisiones de la organización sanitaria.

2.2. Un espacio para conseguir metas específicas
Las metas o fines de la medicina otorgan sentido y legitimidad social a la actividad sanitaria y, por extensión, a las organizaciones sanitarias, siguiendo la estela de la publicación que hizo al respecto en 1996 el prestigioso Hastings Center de Nueva York. Se puede ver en el Cuaderno Nº 11 de la Fundación Víctor Grífols y Lucas.

1ª) La prevención de la enfermedad y las lesiones y la promoción y el mantenimiento de la salud; 2ª) Aliviar el dolor y el sufrimiento producidos por la enfermedad; 3ª) La asistencia y curación de los enfermos y el cuidado de los que no pueden ser curados; 4ª) Evitar la muerte prematura y velar por una muerte en paz.

Recordar esas metas o fines, y actualizarlos continuamente, es lo mismo que justificar y dar sentido a la propia praxis médica y, como consecuencia, a las organizaciones sanitarias donde se lleva a cabo. Esos fines o metas son los bienes internos que han dado sentido y legitimidad social a la medicina desde sus orígenes. De ahí que hacer el bien al enfermo o, al menos, no perjudicarlo, condensando en el aforismo hipocrático cuanto acabamos de decir, implica la necesidad ineludible de contar con organizaciones sanitarias dispuestas a incluir todo eso en la misión y en los valores que configuran su identidad. Y todo eso porque la medicina ya es, en sí misma, ética.

En consecuencia, el rasgo fundamental de la ética de las organizaciones es la mejora continua de las buenas prácticas, que canalizan las expectativas morales depositadas en cualquier organización. Las buenas prácticas otorgan a la organización sanitaria reputación, confianza, fiabilidad y legitimidad social, porque cumplen dos criterios éticos fundamentales: 1º) el respeto a la dignidad de las personas implicadas y, con ello, la persecución de intereses generalizables que, en este caso, se condensan en los fines o bienes inherentes de la medicina; y 2º) el criterio de publicidad como garantía para alcanzar los objetivos planteados y expresar los valores compartidos, es decir, como ausencia de intereses ocultos y disposición a recibir la crítica social.

Si no queremos quedarnos sólo en el terreno de las palabras, ni contentarse con decir que la autoevaluación es suficiente para vencer la desconfianza, será necesario echar mano de algunos recursos morales: 1º) elaborar un código ético de la organización, es decir, un documento formal donde se expresa la voluntad y la disposición para ajustarse al marco ético fundamental, poner en práctica sus principios y valores compartidos, y responder a los fines de la medicina; 2º) definir las virtudes éticas distintivas de la organización, expresadas corporativamente por las personas que la componen, para forjarse su propio êthos y legitimarse ante la sociedad; y 3º) impulsar los comités de ética para desplegar y sostener el êthos de la organización y hacer públicas sus razones morales, para incrementar la calidad de las decisiones a través de un manejo adecuado de los conflictos de valor practicando la deliberación moral.

2.3. Un espacio donde la ética es criterio de calidad y excelencia

El Diccionario de la Lengua Española define “calidad” como la propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor y, seguidamente, relaciona expresamente la “buena calidad” con la “superioridad o excelencia”. De ahí que entienda por “excelencia” la superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo. Y aplica el adjetivo “excelente” a alguien que sobresale en bondad, mérito o estimación. Estas indicaciones del lenguaje ya nos señalan, sin mayores recovecos intelectuales, que la calidad y la excelencia tienen mucho que ver con la ética: 1º) porque la calidad es proporcional al conjunto de propiedades que nos permiten otorgar valor a algo y juzgarlo como valioso, y 2º) porque la calidad está vinculada con la excelencia si, y sólo si, algo o alguien sobresale en bondad y, por ello, se hace digno de aprecio y estimación moral.

Si toda reflexión sobre la calidad comporta una dimensión ética, entonces todos los criterios y estándares de calidad de una organización deberían contener normas éticas institucionales referidas a la gestión corporativa, al equipo directivo, a la gestión económica y la responsabilidad social, a los pacientes y a sus familiares, y a los trabajadores de la organización. A todos ellos les incumbe la tarea de ser mejores, excelentes, o sea, ser capaces de adquirir hábitos (virtudes) que generan un clima ético alimentado por valores que otorgan a la organización confianza, credibilidad y prestigio. La ética no se ve pero justifica la calidad humana de lo que se ve: calidad del pensamiento, calidad de las emociones, calidad de la empatía, calidad de las actitudes, calidad de los buenos hábitos y buenas prácticas, calidad de los valores, de las relaciones, en definitiva, calidad ética de la organización sanitaria.

Nota: Habría que añadir a continuación el tema tan actual de la seguridad de los pacientes, como desafío y responsabilidad ética tanto de los profesionales sanitarios como de las organizaciones sanitarias. Lo trataremos más adelante. Ahora ponemos aquí punto final.
Para seguir leyendo…

.- G.L. Arango Bayer. Clima ético en organizaciones de salud: revisión de la literatura (2011)
.- Cuaderno Nº 28 de la Fundación Grídols. La ética en las instituciones sanitarias: entre la lógica asistencial y la lógica gerencial (2007)
.- P. Simón. Estándares éticos de una organización sanitaria excelente (2003, p.385-400)
.- A. Cortina. La Ética de las organizaciones sanitarias (2002)
.- P. Simón. La ética de las organizaciones sanitarias: el segundo estadio de desarrollo de la bioética (2002)

El desafío ético de la nanotecnología

El desafío ético de la nanotecnología 150 150 Tino Quintana

En 2008 se concedió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica a cinco investigadores de la ciencia de materiales y de la nanotecnología (el japonés Sumio Iijima y los estadounidenses Shuji Nakamura, Robert Langer, George M. Whitesides y Tobin Marks). En el Acta del citado Premio se decía lo siguiente: “Estos científicos han descubierto los nanotubos de carbono, los diodos emisores de luz (LEDs), biomateriales que posibilitan la liberación inteligente de fármacos, la producción de tejidos y órganos para trasplantes”.Dos años después, en 2010, dos científicos rusos que trabajan en un laboratorio del Reino Unido recibieron el Premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre el grafeno, un nanomaterial que se caracteriza por tener una estructura tan plana que solo tiene un átomo de grosor. Nos estamos refiriendo con todo ello al estudio, control, manipulación y fabricación de objetos y fenómenos que presentan propiedades muy específicas debido a su escala, la nanométrica, así como a dos términos que se están difundiendo con rapidez: la nanotecnología y la nanoética.

NOTA: Bibliografía básica: J.M. Cózar y Escalante, Nanotecnología, salud y bioética, Junta General del Principado de Asturias y Sociedad Internacional de Bioética, Gijón, 2011.

1. UNA APROXIMACIÓN A LA NANOTECNOLOGÍA

La dificultad que encierra la definición del término “nanotecnología” hace que, al menos durante un tiempo, haya que referirlo a un variado y heterogéneo conglomerado de programas de investigación y de innovaciones que tienen como denominador común la escala nanométrica. El prefijo “nano” proviene del latín (nanus, enano) y éste, a su vez, del griego nános. Significa la milmillonésima parte, en este caso del metro, o lo que es lo mismo, la millonésima parte del milímetro. Hay también voces autorizadas que distinguen entre nanociencia y nanotecnología, como ocurre en The Royal Society & The Royal Academy of Engineering, Nanoscience and nanotechnologies: opportunities and uncertainties (July, 2004, p. 5). Nosotros usaremos el término nanotecnologías, en plural, por ser el más frecuente en la literatura científica, siguiendo la definición de la citada Royal Society: “Son el diseño, caracterización, producción y aplicación de estructuras, dispositivos y sistemas de control de forma y tamaño a escala nanométrica.” Sirvan los siguientes ejemplos para hacernos una idea: la relación de tamaño entre una de esas estructuras y un balón de fútbol es aproximadamente la misma que existe entre éste y el tamaño del planeta Tierra; una molécula de ADN mide 2,5 nanómetros, una bacteria pequeña mide 1000 nanómetros y un glóbulo rojo es 7.000 veces más grande; una célula sería algo descomunalmente grande con un tamaño de varios miles de nanómetros.

El campo de estudio fue concebido en sus principales líneas conceptuales a finales de los años 50 del pasado siglo XX por Richard Feynman, posteriormente Premio Nobel de Física en 1965, cuando impartió una conferencia en el Instituto de Tecnología de California, en 1959, bajo el título There is plenty of room at the bottom, donde explicó cómo manipular y fabricar objetos a escala atómica desde una perspectiva completamente innovadora. Parece ser que el término fue utilizado por primera vez por el profesor N. Taniguchi, en 1974, y posteriormente, en 1986, contribuyó a popularizarlo K. Eric Drexler en su obra “Engines of Creation: The Coming Era of Nanotechnology” (Anchor Books, New York, 1986). La nanotecnología ha sido posible principalmente gracias al desarrollo de potentes microscopios de efecto túnel, de fuerzas eléctricas y de toda una serie de instrumental de vanguardia, que permiten a los investigadores no solo “ver”, sino además producir y manipular estructuras de una pequeñez inimaginable.

El potencial de su futuro desarrollo viene indicado por las progresivas inversiones económicas en nanotecnología: 30 mil millones de dólares en 2005, 88 mil millones en 2008, y podría alcanzar la cifra de 2,6 billones de dólares en 2015.Para hacerse una idea de su desarrollo y difusión, solamente en el caso de España, basta con echar un vistazo a la Red Española de Nanotecnología (NanoSpain.org), que cuenta con más de 300 miembros asociados entre centros universitarios, empresas e instituciones públicas y privadas de distinto signo. Esta misma Red Española ha publicado un Catálogo de Nanociencia & Nanotecnología. Compañías en España.

Parece ser que ya hay más de 3.000 productos en la vida cotidiana basados en la nanotecnología como, por ejemplo, cosméticos y cremas fotoprotectoras; material textiles; pasta de dientes; sistemas de ventilación; fabricación de vidrios, cristales y combustibles; material sanitario; biomarcadores ópticos; procesadores más potentes y de menor tamaño; pigmentos en pinturas que aumentarán su resistencia; piezas dentales; envases para alimentos; neumáticos, material deportivo y un largo etcétera. Parece ser que una buena parte de las aplicaciones proyectadas aún pertenecen a la ciencia ficción, pero las nanotecnologías presentan una gran potencialidad capacitadora o posibilitadora que abre las puertas de un futuro tan prometedor y espectacular como retador y arriesgado. Por eso importa mucho verlo desde la ética y/o la bioética.

2. LAS APLICACIONES NANOTECNOLÓGICAS DESDE LA BIOÉTICA

Desde hace algunos años se debate con cierta vivacidad sobre la existencia y oportunidad de una “nanoética”, es decir, de una reflexión y discurso específicos de carácter ético para abordar los problemas que el desarrollo de la nanotecnología trae consigo para el presente y para el futuro. Se han publicado muchos artículos y varios libros al respecto, la mayoría en lengua inglesa. Ya hay alguna una revista especializada: Nanoethics”.

Hay también dos importantes enciclopedias sobre la materia:

2.1. La dificultad de un nuevo concepto
Sin embargo, como ya se ha insinuado antes, el concepto de nanoética no goza de plena aceptación. Hay dudas acerca de su especificidad y su pertinencia. Según Solórzano, hay un variado panorama de posiciones sobre su definición: 1) La escéptica, que afirma la carencia de una estructura ética por parte de la nanoética, pues necesita de temas, métodos, valores y contextos de aplicación; 2) La descalificadora, que ve las problemáticas derivadas de la nanotecnología en el ámbito ético como cuestiones ya trabajadas, incluso por la ética general, como las referentes al medioambiente, la distribución equitativa de las riquezas, la manipulación genética, la robótica…; 3) La pragmática, en la que la esencia de la nanoética no es posible y solo se recurre al estudio y la justificación práctica de las implicaciones nanotecnológicas en casos particulares y concretos, por lo que se debe estudiar lo pragmáticamente factual; 4) La indefinicionista, en la que se piensa que la reflexión nanoética es una cuestión de futuro y resulta prematuro definirla ahora por falta de claridad; y 5) La favorabilista, que afirma tanto su posibilidad como la necesidad de ponerle límites éticos al creciente y desmesurado desarrollo de la nanotecnología.

Es también posible adoptar otra posición, más sencilla y operativa, a mi juicio, basada en el hecho imparable del desarrollo y la difusión de la bioética. Se trata de adoptar esa perspectiva para evaluar las aplicaciones de las nanotecnologías en dos campos: 1º) el más amplio o global de la macrobioética, que incluye a la ecoética, las cuestiones de justicia global, la biopolítica y la posibilidad de una bioética cívica mundial; y 2º) el sanitario, donde más ha crecido la bioética médica o clínica o microbioética que, en este caso, tiene que abordar los retos éticos de la “nanomedicina”. Es esta la ocasión, por cierto, de presentar NANOMED. Plataforma Española de Nanomedicina, entendida comoaplicación de la nanotecnología al desarrollo de nuevos sistemas de diagnóstico y terapia, así como a la mejora de los existentes, y cuyo objetivo es mejorar la calidad del servicio al paciente, permitiendo avanzar hacia una tecnología sanitaria más personalizada, con un nivel de coste asumible, ofreciendo productos competitivos y de alto valor añadido.

2.2. Áreas o temas de mayor preocupación
No vamos a analizar aquí de manera pormenorizada las aplicaciones de la nanotecnología en los dos campos antes mencionados, es decir, en la bioética clínica, concretamente a través de la nanomedicina, y en la bioética global o macrobioética (véase para ello, por ejemplo, J.M. de Cózar, Nanotecnología, salud y bioética, pp. 32-89). Pero sí vamos a nombrar, cuando menos, las áreas o temas más problemáticos a día de hoy. Cuando las nanotecnologías entran en convergencia con las tecnologías de la información, las biotecnologías y las ciencias cognitivas (Nano-Bio-Info-Cogno), aparecen los siguientes problemas:

  1. El exceso de información y sus efectos para adquirir un conocimiento genuino.
  2. El progresivo cruce de la frontera entre humano y no humano, natural y artificial, viviente y no viviente.
  3. La creciente manipulación de la mente por medio de neuro-implantes y otros procedimientos técnicos.
  4. La perspectiva de emplear la tecnología para “mejorar” continuadamente a los seres humanos, que es para algunos una obligación moral y para otros una pesadilla.
  5. Las dificultades asociadas a la distinción entre una cura o tratamiento y una mejora, que nos introduce directamente en la nanomedicina.

En resumen, los grandes temas en torno a los que gira la nanotecnología vista desde la perspectiva bioética son los siguientes: mejora humana, biología sintética, nanomedicina, agricultura-alimentación, experimentación con animales, así como seguridad y medioambiente que van incluidas en los temas anteriores.

2.3. Aproximación evaluativa general
El año 2009, la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, del Consejo de Europa, en un documento tituladoAspectos reglamentarios de los nanomateriales, ya consideraba que el concepto de un “enfoque seguro, responsable e integrado” sobre nanotecnologías, preconizado por la Unión Europea, corría peligro por la falta de información sobre el uso y la seguridad de los nanomateriales que ya se encuentran en el mercado, en particular, en aplicaciones sensibles que entrañan la exposición directa de los consumidores. Así pues, la seguridad, la responsabilidad y la integración de las nanotecnologías en orden a objetivos humanizadores, tienen relevancia ética.

Asimismo, la citada Comisión, pedía revisar toda la legislación pertinente en el plazo de dos años a fin de aplicar el principio “sin datos, no hay mercado” para todas las aplicaciones de nanomateriales en productos con repercusiones potenciales en la salud y el medio ambiente, así como garantizar que las disposiciones legislativas y los instrumentos de ejecución reflejen las características específicas de los nanomateriales a los que pudieran exponerse los trabajadores, los consumidores o el medio ambiente. Conviene añadir aquí, como luego se verá, que sin datos, o sea, sin información, no sólo no hay mercado o comercio legítimo. Sin datos no hay ciencia ni ética.

Y añade también que “… el uso de los nanomateriales debe responder a las necesidades reales de los ciudadanos y que sus beneficios sólo podrán valorarse dentro de un marco normativo y político claro (disposiciones legislativas y de otro tipo) que aborde explícitamente las aplicaciones presentes y futuras de los nanomateriales, así como la naturaleza misma de los posibles problemas de salud, medio ambiente y seguridad durante su ciclo de vida”. Ese “marco normativo y político claro” lo expondremos al final utilizando los conceptos de responsabilidad y humanización.

Por otra parte, en una comunicación de la Comisión de las Comunidades Europeas, en 2004, titulada Hacia una estrategia europea para las nanotecnologías” se afirma que se deben respetar los principios éticos siguientes: “el respeto de la dignidad, el principio de la autonomía del individuo, el principio de justicia y de beneficencia, el principio de libertad de investigación y el principio de proporcionalidad (…) Además, algunas aplicaciones, como por ejemplo los sensores miniaturizados, pueden tener implicaciones específicas para la protección de la privacidad y de los datos personales.”

Cualquiera puede haber observado que los principios recién expuestos son habitualmente utilizados en bioética y, por tanto, constituyen una referencia ineludible para la evaluación ética de las nanotecnologías y, en concreto, las aplicadas en nanomedicina.

Y, por último, el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea ha identificado siete prioridades en las que la inversión en investigación e innovación, incluidas las nanotecnologías (que no se mencionan expresamente), puede reportar beneficios tangibles a la población:

  • Salud, cambio demográfico y bienestar.
  • Seguridad alimentaria, agricultura y silvicultura sostenibles, investigación marina, marítima y de aguas interiores, y bioeconomía.
  • Energía segura, limpia y eficiente.
  • Transporte inteligente, ecológico e integrado.
  • Acción por el clima, medio ambiente, eficiencia de recursos y materias primas;
  • Sociedades inclusivas, innovadoras y reflexivas.
  • Sociedades seguras: proteger la libertad y la seguridad de los ciudadanos.

2.4. Otros principios para evaluar las nanotecnologías
Resulta también útil conocer la declaración del Centro Internacional para la Evaluación de la Tecnología (International Center for Technology Assessment) y la organización Amigos de la Tierra (Friends of the Earth), con motivo de la primera cumbre de estratégica de ONGs sobre nanotecnología en Washington (2007). Este documento, denominado Principios para la supervisión de Nanotecnologías y nanomateriales, expone ocho principios que van más allá de lo meramente ético, pero que proporcionan la base para una evaluación adecuada y eficaz del campo emergente de la nanotecnología, incluidos aquellos nanomateriales cuyo uso comercial ya se está extendiendo.

1º. Precaución
Teniendo en cuenta las diversas formulaciones existentes al respecto, entre las que se encuentra la ofrecida por la Unión Europea (2000), este principio indica que en ausencia de evidencia científica suficiente sobre los posibles riesgos graves para la salud o el medio ambiente, hay que tomar medidas para evitar o minimizar tales riesgos, en tanto se obtiene la información necesaria. Las nanotecnologías conllevan un elemento importante de amenaza, que requiere medidas de precaución por parte de quienes son responsables de esas nanotecnologías, para que prevean alternativas a sus actividades y promuevan la participación pública en sus aplicaciones. Esto, además, debería de incluir la prohibición de la comercialización y uso de nanomateriales no probados, así como el requerir a los fabricantes y distribuidores de estos productos que se responsabilicen de los riesgos basándose en evidencias científicas. En otras palabras, “sin datos, no hay mercado”, como dice la Unión Europea, significa que no se debe comercializar ningún producto nanotecnológico que no contenga información de sus repercusiones sobre la salud, la seguridad, los trabajadores, los consumidores y el medio ambiente. Trayéndolo a nuestro terreno habría que añadir: en ese supuesto no hay ética ni ciencia, porque sin información contrastada ni veraz tampoco se reconoce, ni se otorga, ni se asume responsabilidad ética ni científica de ningún tipo.

2º. Regulaciones obligatorias específicas
La citada declaración del International Center for Technology Assessment sostiene que la actual legislación aún no regula de manera adecuada el tema de los nanomateriales. Por lo tanto, un régimen regulatorio específico para el caso de los nanomateriales debe formar parte integral en el desarrollo de las nanotecnologías. Las iniciativas voluntarias son completamente insuficientes para evaluar la nanotecnología. Debido a sus novedosas propiedades y riesgos asociados, los nanomateriales deben ser clasificados como nuevas substancias para su evaluación y para cualquier propósito regulatorios.

3º. Protección y salud del público y los trabajadores
La regulación adecuada y efectiva de los nanomateriales requiere poner el énfasis en la prevención de la exposición conocida o potencial de nanomateriales riesgosos o de aquellos que no han sido probados como seguros. El número de investigadores científicos y estudiantes que trabajan con nanomateriales en laboratorios académicos está creciendo exponencialmente y, al mismo tiempo, se estima que para el 2015 la industria de la nanotecnología empleará dos millones de trabajadores. A ello hay que añadir la preocupación por las nanopartículas liberadas en la naturaleza o las desarrolladas con una determinada finalidad. Es de suyo evidente, por tanto, la necesidad de elaborar legislaciones adecuadas e invertir en investigación sobre riesgos y su información.

4º Sustentabilidad ambiental
La evaluación de un ciclo completo de un nanomaterial exige tener en cuenta sus efectos sobre la salud, el ambiente y la seguridad, antes de su comercialización. Una vez libres en la naturaleza, los productos fabricados con nanomateriales representan una clase sin precedentes de contaminantes fabricados. Por eso los fondos gubernamentales para el estudio del medio ambiente, la salud y la seguridad, deben ser incrementados con el objetivo de delinear un plan estratégico sobre riesgos.

5º. Transparencia
La evaluación y regulación de los nanomateriales requieren de mecanismos que aseguren la transparencia, que incluye el adecuado etiquetado de productos que contengan nanomateriales, el conocimiento de leyes y medidas de protección, sobre todo en el lugar de trabajo, y el acceso público a un inventario informativo de salud y de seguridad. Como ya se decía anteriormente, “sin datos, no hay mercado”, aunque habría que matizarlo con lo dicho a ese propósito: si se carece de información no hay responsabilidad y, por tanto, no hay ética. Es una condición indispensable.

6º. Participación pública
El potencial de transformación que las nanotecnologías ofrecen en la esfera social, económica y política, hace que la participación pública en los procesos deliberativos y de toma de decisiones se convierta en un elemento esencial. La participación pública debe ser 1º) abierta, facilitando la contribución de los diferentes actores e interesados, y 2º) significativa, contribuyendo a la formación de políticas activas y efectivas.

7º. La consideración de amplios impactos
La asignación de fondos para la investigación determinará la trayectoria en el desarrollo de las nanotecnologías, pero, además, es esencial también investigar sobre los impactos en el medio ambiente, la salud, la seguridad, los aspectos socioeconómicos y los restos éticos de las nanotecnologías. Todos los resultados deberían estar a disposición del público, puesto que la participación y el debate público son cruciales.

3. LA NECESIDAD DE UN MARCO ÉTICO FUNDAMENTAL
Sin embargo, tales principios hay que situarlos en un marco ético que les sirva de fundamento. A mi juicio, hay que tener en cuenta los siguientes parámetros:

  • La responsabilidad implica la obligación de responder de algo, lleva consigo el deber de respeto, cuidado y protección, y se puede formular así: que el ser humano viva, que tenga vida. Formulado negativamente diría así: no es lícito atentar contra la vida ni la integridad física o psíquica de ningún ser humano o, con otras palabras, no se deben hacer apuestas de acción que pongan en peligro la vida de la humanidad presente ni futura.
  • La humanización implica el deber de orientar las acciones hacia el objetivo de la vida humanamente justa y buena, y puede formularse en el siguiente imperativo: que el ser humano viva bien y dignamente, que haya más vida y sea digna para todos. Su formulación negativa sería así: no es lícito fomentar la opresión, la pobreza, la desigualdad y la violencia o, en otros términos, es inhumano hacer apuestas de acción que pongan en peligro los derechos fundamentales de las personas o el entorno en el que viven.

Es imprescindible conjugar responsabilidad y humanización. Estoy convencido de que es el marco idóneo para afrontar el desafío ético de la nanotecnología. Como bien ha dicho Edgar Morin, estamos obligados, individual y colectivamente, a no suprimir a nadie de la humanidad, a defender, proteger y salvar la vida, a salvar la humanidad realizándola…cuestiones éstas que parecerían una perogrullada si no fuera que continúa habiendo muchos (muchos, muchos…) que están convencidos de que sólo se salva a la humanidad eliminando a la mitad de sus miembros. Así nos luce el pelo…compañeros.

Pero, nunca mejor dicho, la ética sirve de tabla de salvación para agarrarse fuertemente a ella y gritar a voz en grito: a la ciencia y la tecnología puestas al servicio de todos los seres humanos, al progreso científico-técnico que contribuye al bienestar de los seres humanos, y a la nanomedicina ordenada a conseguir los fines internos que dan sentido y legitimidad a la misma medicina: prevenir la enfermedad, promover y mantener la salud, aliviar el dolor y el sufrimiento de la enfermedad, asistir y curar a los que se pueden curar, cuidar a los que no tienen curación y evitar la muerte prematura. Para ello tendremos que aprender constantemene a discernir, reflexionar y deliberar juntos. El individualismo carece de sentido humano, científico y ético.

Para continuar leyendo…

TINO QUINTANA

Profesor de Ética, Filosofía y Bioética Clínica (Jubilado)
Oviedo, Asturias, España

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