El túnel

El túnel 150 150 Tino Quintana

En la Sala de las Turbinas de la galería londinense Tate Modern, el artista polaco Miroslaw Balka expuso en 2009 una obra audaz e impactante, denominada How it is, basándose quizá en el título de una novela no menos enigmática de Samuel Beckett.

La obra de Balka consiste en una especie de enorme prisma de acero de 13 metros de alto, 10 de ancho y 30 de largo, apoyada sobre pilastras a dos metros sobre el suelo, y abierto en la parte posterior, desde donde se accede al interior a través de una rampa. Hay algo de luz cuando se comienza a caminar, pero a medida que se avanza hacia el fondo la oscuridad llega a ser total.

Andar por un espacio oscuro provoca desolación y desconfianza, no sólo porque falla la vista, sino porque no sabemos cómo hacer frente a lo inesperado. Sentimos temor y desasosiego.

La exposición de Balka representa bastante bien la experiencia de los momentos traumáticos. La pandemia es uno de ellos. Atravesamos un túnel oscuro que nos produce inseguridad por estar atravesando líneas prohibidas. Más aún, la falta de confianza nos lleva a trazar fronteras y a creer que estamos ante extraños a quienes hay que separar o expulsar o alejarse de ellos.

Pero, por suerte, hay un verdadero gentío que ya ha entrado. Seguro que la clave de la cuestión reside en buscar a los otros cuya presencia no es molesta ni angustiosa, sino reconfortante y alentadora. Romper los prejuicios en contra de los demás aporta sentido, tranquilidad y mesura.

Cuando estamos en medio de espacios oscuros, sin contornos, con la mente y los sentidos bajo cero, la humanidad compartida es nuestro salvavidas: la calidez de la comunión humana es nuestra salvación. Ante la desorientación que una gran mayoría experimentamos a lo largo de este tiempo, tenemos la certeza de que las personas siguen ahí, cerca, acompañándonos en la oscuridad. A mi modo de ver, la experiencia de ese “mal trago” nos ayuda también a comprender mejor el significado de la compasión. No estamos solos. Estamos juntos.

Tenemos entre manos la gestión del paso por el túnel oscuro viendo en ello no sólo un espacio de conflicto, ni, menos aún, un lugar de separación o de exclusión, sino una oportunidad para desarrollar lo mejor de nuestra condición humana. Merece la pena aprovecharla.

Lo lamentable es el empecinamiento de quienes aseguran que esto es un “coronacirco” o una “plandemia” y que las vacunas “son experimentos sin probar”. La ignorancia es un túnel sin salida.

Resulta peligroso en tales circunstancias andar con la cabeza abajo y los pies arriba, es decir, con la prudencia y el saber por los suelos; y resulta por completo ineficaz caminar hacia atrás, o sea, haciendo todo al revés. Así lo advierte con retranca El criticón de Baltasar Gracián.

Pese a tantos errores, se demuestra, una vez más, que lo más valioso del ser humano sigue siendo el propio ser humano, incluso en la oscuridad. No cabe la menor duda.

Nota para curiosos: Miroslaw Balka está exponiendo ahora en el Centro Botín de Santander.

TINO QUINTANA

Profesor de Ética, Filosofía y Bioética Clínica (Jubilado)
Oviedo, Asturias, España

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