Violencia (?)

Violencia (?) 150 150 Tino Quintana

La violencia es un fenómeno harto complejo del que hay infinidad de publicaciones autorizadas y, en no pocas ocasiones, contrapuestas.

Karl Marx asegura que la violencia es el motor de la historia. Sus palabras son estas: «La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva» (El Capital, capítulo 24, libro I, vol. 2). Y en otro lugar afirma que «La guerra se ha desarrollado antes que la paz» (Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, vol. 1, I, 4).

Es muy probable que la difusión de la cultura griega, el helenismo, no hubiera tenido lugar sin las campañas militares de Alejandro Magno; del mismo modo, la cultura occidental sería difícil de entender si no fuera por las conquistas de los ejércitos romanos; y, en fin, la actual configuración de los Estados Unidos no existiría sin la guerra de Secesión previa.

Friedrich Engels, por su parte, confirma que la violencia es un “mal necesario” que puede contribuir al advenimiento de una nueva sociedad sin clases (Anti-Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, Grijalbo, 1968).

Así las cosas, conviene abrir más las perspectivas. Los datos arqueológicos de épocas prehistóricas demuestran que la así llamada “violencia primigenia” es una afirmación difícil de justificar. Parece que no está ligada a la condición humana, aun a sabiendas de tiranías e ideologías sustentadas en el terror y el exterminio.

Piotr Kropotkin, destacado escritor y pensador del movimiento anarquista, afirmó que «en el progreso ético del hombre, el apoyo mutuo —y no la lucha mutua— ha constituido la parte determinante» (El apoyo mutuo, Editorial Pepitas de calabaza, 2016).

En cualquier caso, tampoco hay que ser tan optimistas como Robert Muchembled (Historia de la violencia, Paidós, 2010) para quien la violencia está disminuyendo desde el siglo XIII en Europa occidental y en el resto del mundo. Habría que ver la cara de sorpresa que pondría al escuchar eso hoy la gente de Siria y Yemen. La OMS ya declaró en 2002 que la violencia es uno de los principales problemas de Salud Pública en todo el mundo. En la actualidad, además, la violencia es acoso y espectáculo… y un buen negocio en muchos aspectos.

Jean Jaurès, político francés y marxista heterodoxo, por cierto, es autor de aquella frase que terminó haciendo fortuna: «la violencia es una debilidad».

La debilidad se refiere, en general, a lo que carece de vigor, fuerza o resistencia. Los pobres son la demostración palmaria de la debilidad, porque carecen de lo necesario para vivir. Las personas enfermas, y sobremanera las que padecen enfermedad avanzada, son débiles por definición. En este sentido, la violencia nunca es debilidad.

Sin embargo, la violencia como uso de la fuerza bruta para relacionarse con los demás, imponer la propia visión de las cosas, poner en peligro o eliminar vidas humanas, suele estar basada en miedos irracionales y apoyarse en la razón de la fuerza pero no en la fuerza de la razón. Una vez desatada, tiene consecuencias tan imprevisibles como desastrosas. Su opuesto más radical no está en la ausencia de violencia, sino en la práctica de la justicia. El postulado de la comunicación racional entre iguales y libres es, quizá, la denuncia más contundente contra la justificación de la violencia.

Tengo un amigo con razones para discrepar de estas reflexiones. Y lo comprendo. En mi opinión, la afirmación de Jean Jaurès sigue vigente: «la violencia es una debilidad». Paul Valéry añadía «… la operan quienes se sienten perdidos». Jaurès murió asesinado en 1914, tres días antes del estallido de la Primera Guerra Mundial.

TINO QUINTANA

Profesor de Ética, Filosofía y Bioética Clínica (Jubilado)
Oviedo, Asturias, España

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