• Ha llegado usted al paraíso: Asturias (España)

Cándido

Cándido

Cándido 150 150 Tino Quintana

La candidez de Cándido, el de la novela de Voltaire, le llevó a creer que todo estaba bien y que el mundo era perfecto: «el mejor de los mundos posibles», como decía Leibniz.

Pero en el transcurso de los años, experimentó tantos sinsabores y disgustos, tantos golpes y contrariedades, tantas ruinas, destrozos y fracasos, que, al final de sus días, Cándido rebajó su obcecado optimismo y pronunció una frase que se hizo célebre: «Hay que cultivar nuestro jardín (Il faut cultiver notre jardin)».

Puede ser también una metáfora de lo que hay en nuestro interior.

Cuenta Petrarca en una de sus cartas que subió un día con su hermano pequeño a lo más alto del monte Ventoso y, una vez allí, contempló el magnífico panorama de los Alpes, la provincia de Lyon, el curso del Ródano y el golfo de Marsella. Después, se sentó y abrió al azar el libro de las Confesiones de San Agustín, que llevaba siempre consigo, donde dice:

«Viajan los hombres por admirar las alturas de los montes, y las ingentes olas del océano, y el giro de los astros, y se olvidan de sí mismos, ni se admiran de que todas estas cosas, que al nombrarlas no las veo con los ojos, no podría nombrarlas si interiormente no viese en mi memoria los montes, y las olas, y los ríos, y los astros…, y el océano…, con dimensiones tan grandes como si las viese fuera».

Y Petrarca, aplicándose la lectura a sí mismo, cerró el libro, enfadado por haberse dedicado a contemplar la belleza de las cosas exteriores, olvidándose de admirar las maravillas de su alma, y bajó del monte sin hablar con su hermano.

«¡Qué difícil es ser consecuente y no ver sino lo visible!», dijo Fernando Pessoa.

Cándido tenía razón: «Hay que cultivar nuestro jardín».

TINO QUINTANA

Profesor de Ética, Filosofía y Bioética Clínica (Jubilado)
Oviedo, Asturias, España

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