Ética del cuidado

Ética del cuidado 150 150 Tino Quintana

Suele afirmarse que antes de 1982 no se habló mucho de la ética del cuidado, como si la noción de cuidar no hubiera ocupado la atención de la ética occidental. Ciertamente, no ha sido así como se puede comprobar en alguna de las lecturas que sugiero al final. Creo que la ética del cuidado es una dimensión esencial de cualquier bioética referente a las profesiones sanitarias y, quizá en particular, a la profesión enfermera aunque, como veremos, abarca muchos más aspectos.

En esta ocasión quiero decir algunas cosas desde otra perspectiva bastante más amplia pero no menos concreta ni exigente. Veremos que la ética del cuidado pertenece a las entrañas de la bioética, en el sentido en que lo estamos utilizando referido a los problemas suscitados en el ámbito sanitario, pero vamos a poner el acento en la tarea de cuidar y en los actos del cuidado como una de las claves de la ética y la moral en general.

1. SABER CUIDAR: ÉTICA DE LO HUMANO

Leonardo Boff, conocido filósofo y teólogo brasileño (nacido en Concordia, 1938), y en la actualidad profesor de Ética, Filosofía de la Religión y Ecología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro, publicó en 1996 una trilogía sobre “saber cuidar: ética de lo humano”. El primer volumen se dedica al estado en que se encuentra hoy nuestro planeta; el segundo a un análisis de los síntomas de la crisis sobre el cuidado en la actualidad, y el tercero a una serie de modelos históricos que han sabido cuidar y dedicarse al cuidado. El título exacto de la obra es Saber cuidar: ética do humano. I Compaixâo pela Terra; II Sintoma da crise; III Figuras ejemplares de cuidado, Editora Vozes, Petrópolis,1999.

El propio autor ha escrito ─no sé si antes o después de la citada obra anterior─ un artículo sobre el mismo tema («Saber Cuidar: Ética do Humano«), cuya introducción voy a utilizar como fundamento de lo que deseo comunicaros.

Hay algo en los seres humanos que nos distingue y nos cualifica como tales, como humanos: es el sentimiento, la capacidad de emocionar-se, de volverse sobre sí mismo, de afectar-se o, dicho con otras palabras, la capacidad de cuidar-se y de cuidar de aquello que no soy yo. El Diccionario de Lengua Española de la Real Academia define “cuidado”como «solicitud y atención para hacer bien algo a alguien». Sólo los seres humanos podemos sentirnos afectados por un amigo frustrado, poner nuestra mano en su hombro, mirarle a los ojos, escucharle, ofrecerle consuelo, esperanza o el propio silencio.

Sólo los seres humanos somos capaces de construir un mundo de lazos afectivos, que transforman a las personas en portadoras de valores, y eso hasta el punto de preocupar-nos por esas personas y de dedicarles tiempo para ocupar-nos de ellas. Pues bien. La categoría de cuidado recoge precisamente ese modo de ser, revela el tipo de ser humano que es cada uno, y verifica la estatura moral de cada uno.

Todo eso pone de relieve que, junto al “logos”, la razón y sus estructuras de comprensión y de justificación argumentativa, características indiscutibles de lo humano defendidas por el pensamiento occidental, junto a todo eso, también está el “pathos”, el sentimiento, la capacidad de simpatía y de empatía, la dedicación y el cuidado del diferente…del que no soy yo…del otro.

Ese movimiento hacia fuera de nosotros mismos comienza con el sentimiento, que nos hace sensibles a lo que está a nuestra mano o en nuestras manos… el que nos une a las cosas y nos envuelve con las personas… el que suscita en nosotros encantamiento ante la grandeza del universo, veneración ante la complejidad de la madre-tierra y ternura ante la fragilidad de un recién nacido. Ese sentimiento que transforma a las personas, las situaciones y las cosas en importantes para nosotros, ese sentimiento profundo se llama cuidado.

La época contemporánea ha rescatado la centralidad de todas esas dimensiones a partir de la psicología profunda (Freud, Jung, Adler, Rogers, Hillman…), por un lado y, por otros lado, del amplio movimiento de la filosofía existencial y personalista (Buber, Mounier, Heidegger, Lévinas, Ricoeur…). Todo esto nos invita a sustituir el clásico modelo cartesiano del «pienso, luego existo» por el de «siento, luego existo». Una prueba de ello es que el éxito alcanzado por D.Goleman con su libro sobre la Inteligencia emocional, basándose en investigaciones empíricas sobre el cerebro y la neurología, pone de manifiesto aquello que ya Platón (s. IV a.C.), San Agustín (s. IV d.C.), la escuela franciscana medieval con San Buenaventura y Duns Scoto (s. XIII), el citado Blaise Pascal (┼ 1662), Schleiermacher (┼ 1834) o Heidegger (┼ 1976), por ejemplo, enseñaron ya hace mucho tiempo: que la dinámica humana no es sólo a racionalidad del logos sino la calidez y sensibilidad del pathos, es decir, del sentimiento, de la lógica del corazón y del cuidado.

Viene a cuento recordar la famosa novela de «El Pequeño Príncipe», de A.de Saint Exupéry, cuando decía que «las cosas esenciales e invisibles a los ojos se ven correctamente con el corazón -con el sentimiento-», remedando quizá las conocidas sentencias de Pascal: «conocemos la verdad no solamente por la razón, sino también por el corazón… el corazón tiene razones que la razón no conoce».

Desde esa perspectiva, el cuidado fue lo primero que moldeó al ser humano. Es un a priori ontológico que se encuentra antes y está en el origen del propio ser humano, que brota ininterrumpidamente como energía originante del ser humano. Así es como empezó la dedicación, la ternura, el sentimiento y la vida del corazón, junto a sus correspondientes responsabilidades y preocupaciones, como principios constituyentes del ser humano. Sin esas dimensiones, el ser humano jamás sería humano.

Dicho con otras palabras, la base de la esencia humana no se encuentra sólo en la inteligencia, en la libertad o en la creatividad, sino en el cuidado. El cuidado es, en realidad, el soporte o la base de la creatividad, de la libertad y de la inteligencia. En el cuidado se encuentra el ‘ethos’ fundamental de lo humano, es decir, identificamos los principios, los valores y las actitudes que hacen de la vida un buen vivir y de las acciones una recta conducta.

Siguiendo esa misma línea vamos a continuar utilizando una página web, denominada Histórias em Português, donde están resumidas las tres partes de la obra de L.Boff antes citada. Lo haré a mi manera.

2. SÍNTOMAS DE UNA CIVILIZACIÓN “DESCUIDADA”

Ya hace tiempo que los analistas y pensadores contemporáneos han constatado que en la civilización actual se está difundiendo un malestar generalizado. Se presenta en forma de descuido, de falta de atención, en suma, de falta de cuidado.

.- Hay una falta de acuidado y de atención por la vida inocente de los niños que se usan como combustible en la producción del mercado mundial. Hay cientos de millones de niños trabajando en América Latina, en África, en Asia. Son los pequeños esclavos del mercado occidental a quienes se les niega la infancia, la inocencia y el sueño reparador. Se produce incluso la tragedia de ser asesinados por escuadrones de exterminio en las grande ciudades latinoamericanas o asiáticas…y parece que no nos impacta siquiera.

.- Hay un fatal descuido y una manifiesta ignorancia, como quien cierra los ojos para no verlo, en el destino de los pobres y de los marginados de la humanidad, flagelados por el hambre crónica y sobreviviendo de muy mala manera a múltiples problemas de salud, problemas éstos ya desterrados desde hace tiempo en nuestro mundo de ricos

.- Hay también un descuido y un auténtico descalabro social en los millones y millones de desempleados y desempleadas, excluidos del proceso de producción y considerados como ceros a la izquierda. Son “carne de cañón” para los salarios mínimos y para entrar en los grupos de marginación social.

.- Hay un descuido y un abandono de los sueños de generosidad y de solidaridad, agravados constantemente por el triunfo del individualismo y la exaltación de la propiedad privada, tan característicos del exitoso neoliberalismo, que no sólo desmienten la generosidad y la solidaridad sino que, en lo más profundo, atacan las mismas bases de los ideales de libertad y dignidad de cada ser humano.

.- Hay asimismo un descuido y un abandono creciente de la sociabilidad en las ciudades. Lo que predomina aquí es el espectáculo, el simulacro y el entretenimiento de que nos conocemos pero, en realidad, ni siquiera sabemos los nombres de los vecinos que habitamos el mismo edificio y utilizamos el mismo portal de entrada y de salida. Las reuniones de vecinos nos resutan soporíferas porque en ellas abordamos cuestiones individuales entre individuos que apenas se conocen.

.- Hay un acusado descuido y falta de atención por la “cosa pública” y, sobre todo, hay un descuido vergonzoso por el nivel moral de la vida pública, marcada por la corrupción descarada y por el juego explícito de poder en manos de grupos que se revuelcan sin miramientos en el pantanal de intereses corporativos en ocasiones muy dudosos.

.- Hay un escandaloso abandono del respeto indispensable para cuidar de la vida y de su fragilidad. Si continuase creciendo esa actitud, es probable que a mediados del siglo XXI hayan desaparecido más de la mitad de las especies animales y vegetales que existen en la actualidad. Se perdería así una biblioteca colosal sobre la vida, que se ha venido acumulando en el curso de billones de años de proceso evolutivo.

.- Hay un descuido y una falta de atención en la salvaguarda de nuestra casa común, de nuestro planeta Tierra. Los suelos se están envenenando, los mares están siendo contaminados, los ríos cada vez más llenos de desperdicios, los bosques progresivamente diezmados, las especies de seres vivos continuamente exterminadas. Hay un manto de injusticia y de violencia que pesa como una enorme losa sobre dos tercios de la humanidad. Hay un principio de destrucción en permanente actividad, capaz de liquidar el sutil equilibrio físico-químico y ecológico del planeta y de dejar la biosfera literalmente asolada.

.- Y, en fin, hay un enorme descuido y una gravísima falta de atención en el desequilibrio de riqueza entre los continentes y los pueblos que los habitan. Sigue habiendo millones de niños y de mayores que mueren de hambre; millones de personas enfermas sin esperanza de ayuda para curarse; millones de condenados a vivir en barrios de lata o en situaciones totalmente vacías de cualquier calidad de vida; muchos millares de desplazados por la violencia de su tierra natal; miles y miles de emigrantes sin futuro… y millones de fetos humanos que nunca llegan a nacer. Mientras tanto, una minoría de privilegiados vivimos a la última hora de la tecnología más sofisticada, que nos da frecuentes noticias sobre lo más duro y cruel, pero que no remueven un pelo de nuestras pestañas.

En resumen, vivimos tiempos sin piedad, sin sensatez, sin racionalidad, sin sentimiento, sin sensibilidad… sin cuidado. Hay toda una serie de realidades que muestran nuestro regreso a la barbarie más feroz.

3. FIGURAS EJEMPLARES DE LA TAREA DE CUIDAR

El cuidado como modo de ser especifico del ser humano puede convencer (o al menos sacudir con fuerza la mente y el corazón) cuando se comprueba que forma parte explícita de la vida de las personas y, de ese modo, transforman la realidad que les rodea. Hay bellísimos ejemplos de todo ello.

1) El cuidado de nuestras madres y abuelos

Existen figuras que concentran e irradian cuidado de manera privilegiada y, en tantas ocasiones, de una manera silenciosa aunque sabemos que son silencios llenos de discursos. Me refiero a nuestras madres y a las madres de nuestras madres, nuestras abuelas y abuelos. No es necesario detallar la experiencia, porque ha sido fundamental en cada persona. De hecho, la primera cuna del bebé es el cuerpo de su propia madre. Ser madre es mucho más que una mera función biológica.

Es un modo de ser que engloba todas las dimensiones de mujer-madre, de su cuerpo, de su psiquismo y de su espíritu. Con su cuidado y cariño, la madre continúa generando hijos e hijas durante toda su vida. En los momentos de peligro son invocadas como referencia de confianza y de salvación. Es a través de las madres como cada uno aprendemos a ser madres de nosotros mismos en la medida en que aprendemos a aceptarnos, a conocer nuestras propias flaquezas, a emprender nuestros sueños…a cuidarnos y a cuidar a otros. Las madres también representan de algún modo la actitud de los educadores, la de las enfermeras y la de tantas otras personas anónimas que se desviven en cuidar a otros.

2) Jesús de Nazaret: una vida entregada a cuidar

Estamos, sin duda alguna, ante una de las figuras religiosas que más y mejor encarnan el cuidado como modo de ser y de actuar. Jesús de Nazaret reveló a la humanidad el cuidado de Dios, haciendo posible la experiencia de Dios como Padre (y como Madre) divinos que cuidan de cada pelo de nuestra cabeza, de la comida de los pájaros y del sol que alumbra a todos (Mt 5,45; Lc 21,18). Jesús mostró especial cuidado con los pobres, los hambrientos, los discriminados y los enfermos.

Hizo del amor la clave de su ética, un amor que actuaba derrochando misericordia, compasión, acogida y perdón. Sin misericordia no hay salvación para nadie (Mt 25,36-41). Las parábolas del buen samaritano que muestra compasión por el abandonado al pie del camino (Lc 10,30-37), y la del hijo pródigo acogido y perdonado por su padre (Lc 15,11-32), son expresiones ejemplares del cuidado y de la plena humanidad de Jesús. Cuando muere en la cruz cuida a los ladrones crucificados a su lado y cuida a su madre encomendándola a los cuidados de su discípulo preferido (Jn 19,26-27). El modo de ser de Jesús es un ejemplo de saber cuidar. El evangelista Marcos dice: «Él hizo bien todas las cosas… hizo oir a los sordos y hablar a los mudos » (Mc 7,37). Mostró cuidado y supo cuidar la vida en todas sus manifestaciones.

3) Francisco de Asís: la fraternidad de un hermano universal

La figura del “poverello” de Asís (┼1226) ha tenido y sigue teniendo una irradiación universal. Todo en su vida estuvo traspasado por un extremo cuidado hacia la naturaleza, los animales, las aves, las plantas y los pobres. Tenía una refinada percepción del lazo de fraternidad que nos une a todos los seres que nos rodean. Llama con ternura “hermanos” y “hermanas” al sol, a la luna, a las hormigas, a los ladrones o al famoso lobo de Gubbio. Las cosas tenían para él un corazón. Sentía sus pulsaciones y mostraba veneración y respeto hacia cada ser por muy pequeño que fuese. En los huertos tenían su lugar las malas hierbas porque, a su manera, también ellas alaban al Creador de todas las cosas y de todas las vidas.

Los biógrafos de su tiempo testimonian el impacto de tanta suavidad y tanta radicalidad a un mismo tiempo, diciendo que Francisco es “el evangelista de los nuevos tiempos…el hombre nuevo dado al mundo por el cielo”. Su figura sigue siendo actual y, a su lado, los habitantes de Occidente somos “hombres-viejos” por estar aferrados o dirigidos preferentemente por la ambición de poder, el dominio, el consumo y la agresividad. San Francisco es una verdadera alternativa por su radical modo de ser lleno de cuidado.

Cuando estaba a punto de morir se despidió de sus frailes diciendo: «me aparto de vosotros como persona, pero os dejo mi corazón». El corazón de Francisco significa un estilo de vida, una genial expresión de cuidado, una práctica de confraternización y un renovado encantamiento por el mundo. Recrear ese corazón en las personas y rescatar la cordialidad (cualidad de cordial del latín cor – corazón) en las relaciones, podrá suscitar en nuestro mundo la misma fascinación por la sinfonía del universo y el mismo cuidado con todo lo que nos rodea. Así lo vivió Francisco con toda intensidad.

4) Madre Teresa de Calcuta: el principio de la misericordia

Esta religiosa católica (┼1997) ha encarnado uno de los arquetipos de cuidado más difundidos en nuestra época. Estando como misionera en la India, se despojó de su solemne hábito negro y adoptó como vestido un práctico y barato sari de algodón. Fue a vivir en la periferia más miserable de Calcuta, en una casa en ruinas, viviendo a base de arroz y sal, como los pobres, y sirviendo a los pobres. Fundó la Orden de las Misioneras de la Caridad a quienes, además de los tres conocidos votos de pobreza, castidad y obediencia, les añadió un cuarto voto que decía así: «Dedicarse de todo corazón y libremente al servicio de los más pobres de los pobres».

En Calcuta hay miles y miles de desgraciados que nacen, viven y mueren en la calle. La madre Teresa se cuidó pronto de fundar una casa para los moribundos. Los recogía de las calles y los lavaba para que pudieran morir con dignidad Comenzó así una obra de compasión y de misericordia que se extendió por muchas ciudades de la India, Pakistán y otros países limítrofes, siempre con el fin de dar humanidad a quienes se encontraban a las puertas de la muerte.

Esta Orden de Misioneras cultiva un carisma, ligado directamente a la ternura vital y dedicado a “tocar” a las personas en su propia su piel, en sus cuerpos y en sus llagas. «Tocadlos, lavadlos, alimentadlos», insistía la madre Teresa a sus hermanas y a los voluntarios que las ayudaban. Otras veces decía: «Entrega Cristo al mundo, no lo mantengas para ti misma y, al hacerlo, usa tus manos». La acción de tocar concentra el espíritu de estas Misioneras, aun sabiendo que en la India está muy arraigado el concepto de “intocabilidad”. Las manos que tocan llevan caricias, devuelven confianza, ofrecen acogida y manifiestan cuidado… crean humanidad en quienes son tocados.

Cuando le concedieron en 1979 el Premio Nobel de la Paz, lo recogió diciendo: «acepto el premio en nombre de los pobres… es un reconocimiento del mundo de los pobres».

5) Mahatma Gandhi: la política como cuidado del pueblo

Ha sido una de las figuras que más impacto produjo a lo largo del siglo XX. Gandhi (┼1948) nació en la India, estudió derecho en Londres, y trabajó más de 20 años en África del Sur defendiendo a los inmigrantes indianos víctimas de la segregación racial. El mensaje evangélico de Jesús en el Sermón de la Montaña le impresionó profundamente y le impulsó a formular su propia visión de la no-violencia y su comprensión de la acción política como cuidado por el pueblo.

De vuelta en la India, se entregó a la tarea de organizar al pueblo contra la dominación inglesa. Comenzó pidiendo el boicot a los productos ingleses, especialmente a los tejidos, intentando convencer a la gente para recuperar la tradición de tejer en casa sus propias ropas. Después dio un nuevo paso convocando a la desobediencia civil, lo que le llevó a la prisión en varias ocasiones. Fue muy famosa la Marcha hacia el Mar, en 1930, con ocasión de un decreto que impedía a los indios comprar sal excepto la monopolizada por los propios ingleses. Movilizó a millares de personas para caminar en dirección al mar con el fin de extraer la sal que necesitaban. Gandhi fue de nuevo a la prisión, pero consiguió la completa liberación de la sal.

Definía la política como «un gesto amoroso para con el pueblo», es decir, como cuidado por el bienestar de todos y, en particular, por los pobres para que tuvieran los mismos derechos que los demás. Dos principios básicos  guiaban su actuación: la fuerza de la verdad (satiagra) y la no-violencia activa (ahimsa). Aseguraba que la verdad le daba un fuerza invencible contra la que nada pueden las manipulaciones, las violencias, las armas y las prisiones. Tenía la profunda convicción de que, por detrás de los conflictos, hay una verdad latente que debía ser identificada para compartirla con todos por medio de vías pacíficas.

La creencia en la verdad le llevó a la no-violencia activa, que no significa cruzarse de brazos, sino usar todos los medios pacíficos para alcanzar los objetivos deseados. Es importante que los medios y los fines tengan la misma naturaleza, es decir, los fines buenos requieren medios buenos. Se practica la no-violencia activa, por ejemplo, ocupando pacíficamente las calles, organizando manifestaciones pacíficas, haciendo oraciones y ayunos, y ofreciendo incluso el propio cuerpo para detener la violencia.

Gandhi elaboró un pequeño credo que recitaba a diario: «No tendré miedo de ninguno sobre la tierra. Mostraré a Dios veneración y respeto. No tendré mala voluntad con nadie. No aceptaré injusticias de nadie. Venceré la mentira con la verdad. Y, en mi resistencia a la mentira, aceptaré cualquier tipo de sufrimiento». Conocía mucho el cristianismo, pero permaneció fiel a su religión india, porque aseguraba que todas las religiones, en su corazón, captan y expresan la misma verdad divina para todos los seres humanos.

Poseía la capacidad de cuidar a todos los seres y actuaba en consecuencia. Y, a ese propósito, solía recitar el siguiente mandamiento: «Amarás a la más insignificante criatura como a ti mismo. Quien no hiciera esto jamás verá a Dios cara a cara».

4. CONCLUSIONES

1.-La categoría de cuidado es una de las claves que descifran la esencia humana. Y eso hay que decirlo, precisamente hoy, cuando en medio de una sociedad invadida por sofisticados aparatos de comunicación quizá estemos asistiendo a una masiva falta de comunicación. Cada vez aumenta más, con espectaculares cifras de crecimiento exponencial, el número de “amigos” a través de las “redes sociales”, pero esos amigos y esas redes carecen de proximidad y cercanía, son meramente virtuales y, por tanto, distantes. Y, lo que quizá llame más la atención es que todos o casi todos estamos convencidos de que estamos viviendo en un mundo globalizado. Es así para muchas cosas que nos hacen madurar y, desde luego, también es así para continuar destrozando el planeta y el espacio exterior cada vez más está lleno de cacharro). Pero es que, además, tampoco es verdad que todo sea global, pues no hay globalidad para la distribución de la riqueza, ni para los recursos sanitarios, ni para los medios sanitarios, etc.

2.-Por eso es tan relevante volver al tema del cuidado, porque la tarea de cuidar enlaza todas las cosas y une las dimensiones que componen la complejidad del ser humano. Podríamos incluso decir que el cuidado es anterior al espíritu y al cuerpo. El espíritu se humaniza y el cuerpo se vivifica cuando son moldeados por el cuidado. De lo contrario, el espíritu se perdería en abstracciones y el cuerpo se confundiría con la materia informe. El cuidado hace que el espíritu dé forma a un cuerpo concreto. Es el cuidado quien hace posible la revolución de la ternura, la prioridad de lo social sobre lo individual, así como la continua mejora de la calidad de vida de los seres humanos y la vida de su entorno. El cuidado hace brotar al ser humano complejo, sensible, solidario, cordial, conectado con todo y con todos en un universo común.

3.-El cuidado imprimió su marca registrada en cada porción, en cada dimensión y en cada pliegue del ser humano. Como se ha dicho más atrás, sin el cuidado lo humano se haría inhumano. Como todo lo que vive, también el cuidado necesita ser continuamente alimentado Los alimentos básicos del cuidado son el amor, la ternura, la caricia, la cercanía, la compasión, el tacto y el contacto, el silencio oportuno, el saber mirar, el saber escuchar, el ayudar al otro a que sea él mismo y, cómo no, a cuidarse cada uno mismo a sí mismo…sin ese cuidado, el ser humano queda vacío y muere. Actualmente, en medio de tantas crisis que nos rodean, sentimos una falta clamorosa de cuidado en todas partes. Sus resonancias negativas se hacen evidentes en la mala calidad de vida de grandes masas de población, en la penalización que experimenta la mayoría de la humanidad a costa de la satisfacción de la minoría de esa misma humanidad, en la constante exaltación de la violencia, en la degradación progresiva de la naturaleza y, también, en el olvido permanente de aquellos a quienes se les impide nacer, cuestión ésta, por cierto, que debería asumirse como un problema de categoría universal en vez de limitarlo sólo o preferentemente a enfoques religiosos, políticos y feministas.

4.-Así pues, no busquemos el camino fuera del ser humano. Ser racional no es opuesto a ser sensible, ni a emocionarse, ni a compartir sentimientos. Lo que se opone por completo al hecho de ser racional es la estupidez y la irracionalidad. Del mismo modo, ser partidario de la razón en la ética no se opone jamás a lo emocional ni a lo sensitivo, sino que es contrario a la idiotez y a la sinrazón moral. Siempre hay que razonar los sentimientos y siempre hay que sentir la razón. Por eso reafirmamos que el êthos reside en el propio ser humano que necesita volverse sobre sí mismo y redescubrir su esencia, la esencia humana condensada en el cuidado. ¡¡¡Que el cuidado aflore en todos los ámbitos, que penetre la atmósfera humana y prevalezca en todas las relaciones!!! El cuidado salvará la vida, hará justicia a los empobrecidos y olvidados y rescatará a la Tierra como casa común de todos nosotros.

Quiero por todo ello repetir lo que se decía en el logo del principio: «El cuidado también contribuye a transformar la realidad» y, además, lo hace de verdad y con ternura, no a la fuerza ni con violencia.

Algunas lecturas y enlaces de interés
La lista de lecturas que se ofrecen seguidamente, abarcan perspectivas bien diferentes y hasta contrapuestas, a fin de que cada cual pueda comprobar tanto la actualidad como la amplitud del tema.

A) Lecturas en formato papel
.-W.T.Reich-N.S.Jecker, “Care”, en W.T.Reich (ed.), The Encylopedia of Bioethics, tomo 1, Simon & Schuster Macmillan, New York, 1995, 319-329.
.- F.Torralba, Antropología del cuidar, Mapfre-Medicina, Barcelona, 1998.
.- F.Torralba, “Lo ineludiblemente humano. Hacia una fundamentación de la ética del cuidar”, Labor Hospitalaria 253-3 (1999) 129-188.
.- Lydia Feito, “Filosofía de la enfermería como profesión del cuidado”, Ética profesional de la enfermería, Editorial PPC, Madrid, 2000, 131-192.
.- F.Torralba, Ética del cuidar. Fundamentos, contextos y problemas, Mapfre Medicina-Institut Borja de Bioètica, Barcelona 2002.
.- Bernard Hanson, “Éthique du souci de l’autre”, Nouvelle encyclopédie de bioéthique, DeBoeck Université, Bruxelles, 2003, 398-399.
.- Ester Busquets, “Ética y estética del cuidar”, Bioética & Debat 14-52 (2008) 13-17.

B) Lecturas online (el cuidado desde diversas perspectivas)
.- Gloria Marín, Ética de la justicia, ética del cuidadoAssemblea de Dones d’Eix.
.- Sandra Ezquerra, Transformar el cuidado para transformar la sociedad y viceversa: reflexiones y propuestas desde un feminismo anticapitalista. Federación Estatal de Organizaciones Feministas (España).
.- Gloria Marín, Ética del cuidado (1993)
.- Irene Comins, La ética del cuidado como educación para la paz  (2003)
.- Mª Jesús Izquierdo, “Del sexismo y la mercantilización del cuidado a su socialización: Hacia una política democrática del cuidado” (2003)
.- Mª Consuelo Santacruz, Ética del cuidado (2006)
.- Mª. Gasull Vilella, La ética del cuidar y la atención de enfermería (2005)
.- Alejandra Alvarado, La ética del cuidado (2004)
.- Jaime Gabriel Montoya, La ética del cuidado en el contexto de la salud sexual y reproductiva (2007)
.- Silvina Malvárez, El reto de cuidar en un mundo globalizado (2007)
.- Ana Fascioli, Ética del cuidado y ética de la justicia en la teoría moral de Carol Gilligan (2010)
.- Comité de Ética de SARquavitae, “Ética para Profesionales de la Salud. Guía práctica” (2011)
.- SEAPA, Introducción a la ética del cuidado en enfermería de atención primaria

C) Algunos enlaces
.- Bioética para Enfermer@s (blog de Javier Manuel Yagüe)
.- Revista Ética de los cuidados (Fundación Index)
.- Dimensión ética del cuidado
.- Ética del cuidado (web de Mirtha Cervera Vallejos)

TINO QUINTANA

Profesor de Ética, Filosofía y Bioética Clínica (Jubilado)
Oviedo, Asturias, España

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